
Charito llegó al camino aproximadamente casi tres años, el día de Santa Rosario he ahí por que le puse ese nombre, llegó en forma asquerosa, en un abandono total, su cuerpo sin pelaje, sus ojos apagados sin luz, personalidad insegura, desconfiada, demostrando el sufrimiento miserable de haber sido maltratada y mas encima abandonada en tales circunstancias. En una de mis continuas visitas, siento que alguien me observa detrás de unas ramas, veo sus ojos a través de las hojas, integrante nuevo, me digo...intento acercarme con algo de comida para ver modo que me tome confianza, ella se escabulle entre los arbustos, intuyo que no volverá, así que grito al aire...aquí te dejo comida, por si tienes hambre, no te preocupes, no te molestaré...De pequeña aprendí tan bien la enseñanza que deja el zorro del Principito…y me alejo, hago lo que tengo que hacer, me subo al auto y me voy, confiando que para la otra quizás tenga mas suerte en acercarme, mientras Tita corría tras de mí sin querer que yo partiera.
Pasó el tiempo, siempre era igual, dejaba la comida, le hablaba de lejos y me iba, hasta que un día a meses de su llegada, siento que dentro de la jauría del lugar, al lado de Tita hay alguien nuevo (yo se que es ella), pero la ignoro, en eso Tita se acerca confiada a mi mano, Charito intenta imitarla acercándose a olerme los pantalones de buzo, me quedo quieta, me agacho, y acerco mi mano empuñada directamente a su hocico. Charito, temerosa se echa hacia atrás, yo quieta con mi mano empuñada aún y estirada, ella vuelve a mi mano, la huele, lo vuelve hacer...huuuuyyyy...que felicidad la mía, mis ojos se humedecen de la emoción, la miro directamente a sus ojos, algo sucede con nuestras miradas, ella toma una galleta y corre. Ya había comenzado su tratamiento para devolverle su dignidad animal, poder recuperarla, quitarle la sarna que traía era lo primero en mi mente.

A la semana siguiente, ya se acerca sin temor, se ha hecho amiga de mi gran Tita, andan las dos como super amigas, donde va una va la otra, no es peleadora, todo lo contrario, es humilde, agacha la cabeza como si se sintiera culpable cada vez que la miro. Hay algo en su mirada que me enternece, no logro descubrirlo, hasta que un día me fijo en su hocico, veo sus dientes...me río...le digo lento...Charito sonríe, y ella como si me entendiera, enrosca arrugando su nariz mostrándome sus dientes.
Desde aquel día cada vez que me veía, lo hacía como para congraciarse y buscar mi mano extendida que se posara sobre su cabeza suave. ¡Que ganas de tomarla en mis brazos y comermela a besos!. Tita y Charito, ya no se separan.
De a poco fue conquistando los corazones de los machos, se hizo muy amiga del Sr. de la Querencia, llegó su época de celo, quedó preñada, su guatita empezó a crecer, algo ya aceptaba que la mimáramos, pero aun no lográbamos hacerle seguido cariño. Ya tenía pelo, había engordado, íbamos bien. Se estaba poniendo hermosa.

Cierto día la eché de menos, solo Tita salía a recibirnos a nuestra llegada al lugar, al día siguiente también, ahí recordé que estaba a pronta dar a luz, de seguro que estaría escondida en algún lugar del sector. A los días, Loreto me informa que Charito había sido mamá, no tenía guata, que estaba muy flaca, había salido a comer rapidito y se había desaparecido. El sábado esperamos a que comiera, y se fuera, entonces Macarena la siguió para descubrir donde se encontraba. Charito había parido en una cueva.

La dejamos ahí hasta que llegara el momento de cambiarla a una casa copeva para protegerla del frío de ese invierno a ella y a sus tres hermosos cachorritos. Cada vez que nos acercábamos a su cueva, ella nos guapeaba, nos gruñía desde adentro, le dejábamos su comida y nos íbamos. Hasta que al fin un día logramos sacarla y llevarla a una casita copeva, donde terminó de criar sus cachorros hasta que Loreto se los llevó para darlos en adopción. Así fue como Charito se ambientaba a los sin sabores del camino. Volvió a la normalidad, volvió a correr, a jugar con Tita, su amiga más fiel. ¡Que hermoso era ver a las dos felices corriendo entre la soledad del frío del camino. Mirarlas a las dos entregadas a la horrible vida que sus amos habían decidido para ellas, una ciega y la otra enferma, esa alegría que iluminaba el sector, era mi cuota del premio que me ganaría tal vez.
No habían pasado dos meses cuando llego al camino, y observo que hay una perra en celo, los machos intentan montarla y ella no se deja. No puede ser, me digo…Charito tiene tvt. La desesperanza hace presa en mi. Las ilusiones se vinieron al suelo, tendría nula oportunidad de darla en adopción, quién la iba a querer así en esas condiciones.
Lamentablemente tengo malos y dolorosos recuerdos de esa enfermedad en los perros, ya que en el primer operativo de esterilización, llevado a cabo por la municipalidad donde hicieron acto de presencia el alcalde Sr. Escudero y parte de sus concejales, el veterinario a cargo de Zoonosis, Dr. Javier Valenzuela tomó la determinación de eutanasiar a todas las perras o perros que tuvieran tvt, medida extrema en caso de perros abandonados para evitar su promulgación infecciosa. Jamás olvidaré ese día en que tuve que agachar el moño ante tal cruel decisión, ni por más que yo dije que esa enfermedad tenía remedio, que había que intentarlo. Nadie de los que posiblemente podían, se hizo cargo. Cobardemente me alejé del lugar, con la mirada de las perras enjuiciadas sin juicio alguno clamando auxilio en mi retina,…me alejé del lugar buscando que Dios me diera una respuesta, miraba al cielo preguntado ¿por qué?...si esas perritas, a vista y paciencia de todo el mundo, estaban sanas…sanas. No era necesario matarlas, no, no, no…retumbaba en mi mente. Anduve días alejada, me sentía culpable de que las hubieran “hecho dormir por el bien de la humanidad, por el bien de la sociedad”…así de simple, había visto extinguir la vida de seres inocentes que nunca hicieron daño a nadie. Que su único pecado fue ser perras, y mas encima abandonadas.
Dentro de lo que llevo entregándole parte de mi vida a los perros, ese momento marcó mi vida, un antes y un después en el camino, me sentí sucia, cochina, vi que toda esa mugre involucrada me había tocado, yo había sido cómplice de un asesinato en bien de la “humanidad”, en bien de una sociedad de mierda que nunca le ha importado el verdadero maltrato y abandono de perros. Reconozco mi cobardía, acepto mi dolor, pero prometí por todas aquellas perras abandonadas con tvt, que no volvería a ocurrir, por lo menos de mi parte siempre que lo pudiera solucionar. Fueron meses de buscar por ques, de buscar comos?...y aún los busco en medio de las tinieblas.
Un día conversando con una de mis grandes admirables amigas, con mas experiencia en lo que abandono de perros se refiere, les comento lo que me estaba sucediendo, y ellas con tanta bondad en su corazón, me hicieron nanai…me cobijaron en sus palabras y me dieron el nombre de una doctora veterinaria que quería conocerme. Fue así como llegó a mi vida la Dra. Claudia Aguilar, quién atentamente me escuchó, vio las
lágrimas rodar por mis mejillas, me entregó la esperanza de ayudar y aperrar a mi lado hasta donde nos alcanzase el tiempo, nuestros pocos recursos económicos y nuestras fuerzas.

Mientras tanto Charito se había puesto mas bella, su pelo relucía de brillantez, pero con el tiempo volvió a quedar preñada, otra vez se fue a parir en medio de los cerros, dentro de otra cueva, y quién la echó al agua para descubrirla fue su amiga Tita que hacía guardia afuera del lugar…jajajaja…nos hizo pasar varias aventuras antes de poder sacarla…la cueva elegida medía casi dos metros de profundidad, intentábamos hacer lo imposible, incluyendo a Alvaro que era el mas valiente y arriesgado, hasta que al fin la sacamos de ahí, para ponerla junto a sus cachorritos bellos en una casita copeva para su protección, junto a sus cachorros y posterior traslado para darlos en adopción. Con el tiempo Tita desapareció del lugar, Charito quedó sola, triste y abandonada nuevamente a la asquerosa soledad del camino y a pesar del tiempo transcurrido aún no logro aceptar que no la veré más. Sus ladridos de auxilio en el cerro aún resuenan en mi mente.
Fue entonces cuando Martín se apegó a ella, era su compañía, hasta en los juegos. Su amor de madre le brotaba por los poros. Pero Charito igual se sentía sola, me propuse hacer lo imposible por sacarla del lugar, si lamentablemente no lo había conseguido con Tita, si tendría que hacerlo con ella. Era mi obsesión: recuperarla y darla en adopción, como a otras más que he dado en esas condiciones, pero ya restablecidas.
El tratamiento de tvt, se hace en base a quimioterapias, inyectando la droga en forma directa a la vena, trabajo llevado a cabo por un veterinario, cosa que yo jamás sería capaz de hacer, creo que ni por mas estudios que tenga.
Así empezamos, nos íbamos con Claudia sin importarnos la hora hacer lo mas posible por mejorar a Charito, yo sabía que en algún lugar de Santiago encontraría a ese alguien especial, que sintiera ese amor hacia los perros como yo, que fuera aperrada, que comprendiera que trabajar en terreno con perros abandonados, es como estar en estado de guerra, no puedo traer los perros al hospital y devolverlos nuevamente al abandono, el hospital si puedo llevarlo donde están los perros.
La foto que he subido, jamás tuve intenciones de darla a conocer, pero hoy por la irresponsabilidad de algunas personas que han vuelto al camino metiendo bulla solo por figurar me veo en la obligación de hacerlo y enseñarles esta realidad que nadie se preocupa en la papa misma en terreno. Ojalá que puedan aprender de nuestra entrega hacia quienes no han tenido la culpa de vivir la miseria que viven.
Fíjense en la foto…en que lugar está el suero...colgando de un árbol, cual es la mesa de trabajo, cual es la lámpara que nos alumbra, cuando uno quiere ayudar, basta tener el corazón lleno de júbilo y entrega. Era una alegría inmensa cada vez que Claudia examinaba a Charito, darnos cuenta que nos faltaba poco para su alta…lo estábamos logrando, por fin podríamos tener esperanzas de sacarla de esa maldita soledad que ella nunca buscó.
El viernes 10 de Julio, yo me aprontaba para ir en busca de Claudia, era el día que a Charito le tocaba su última sesión de quimioterapia, habiendo pasado de todo por conseguir la tan ansiada droga, estábamos a las puertas de lograr nuestros sueños.
De repente, suena mi celular, es un mensaje de Macarena…lo leo. No, no, no…está equivocada me repito. Logro llamarla de vuelta para que me verifique que está equivocada, pero no…lamentablemente no lo está.
Las lágrimas ruedan por mis mejillas desesperadas por un sueño irrealizable, truncado. Respiro profundo dándome fuerzas que ya no tengo, y me digo…Charito, espérame, no te fallaré.
Tomo un saco, pala y chuzo, los subo a mi auto, me voy directo a buscar a la veterinaria, apenas Claudia se sube a mi auto, me saluda, me mira y me dice: Marcela que te pasó…le paso el celular para que lea el mensaje. Las dos en silencio nos dirigimos al camino, nos esperaban Maca y Hans. Nos vamos donde está su cuerpo inerte, no dejamos de llorar, trato de conformarme, era su destino…la miro, la observo, y me pregunto que pasó?...tiene heridas en su brazo izquierdo a la altura del hombro, se le ven los músculos, hasta el hueso, su vena está cortada, mas dos orificios a la altura de la cabeza…al parecer murió desangrada por falta de auxilio.
¿Quién te hizo esto?...¿Quién fue el desgraciado que te asesinó?
...con suavidad respetuosa tomamos su cuerpo, lo colocamos dentro de su ataud, un saco vacío de alimento...mientras cae la tarde la enterramos con la impotencia de no poder hacer justicia. Justicia que tiene un Estado con solo firmar una ley justa y verdadera en contra del maltrato animal.
Ya no mas matanza de perros

Hace muchos días que vengo con ganas de contarles la historia de la Charito, pero lamentablemente no he podido, mis fuerzas no responden. Me ha costado mucho superar la inmensa pena que me acarrea volver a recordar, y si he estado alejada de este medio, es por eso...por dolor e impotencia, que solamente los que estamos en contacto continuo sabemos que se siente ante tal hecho.

Marcela Opazo C.
losperrosdelcamino