23 de febrero de 2013

"Ciccio"

Desde mi infancia siempre estuve ligada a las películas donde mostraban historias de perros, debe ser que personalmente vivía mi propia historia junto al perro que me acompañaba a diario, mi Yaqui.
A veces  les he dejado escritos de perros que se han hecho conocidos después de la muerte de sus dueños.
La de hoy es la historia de Ciccio.

Esta historia conmovió a Italia y dio la vuelta al mundo como una muestra más de la lealtad que nos demuestran los perros a quienes han elegido como sus amos. Ciccio era un pastor alemán, rescatado de la calle y adoptado por María Lochi (a la que llamaban "María la del campo", porque vivía al lado de un campo de fútbol) quién falleció en noviembre de 2012 a la edad de 57 años. María acostumbraba a ir a misa, desde entonces, Ciccio la esperaba a diario en la iglesia a la que ella asistía y se había convertido en el protegido no sólo del párroco y de sus feligreses sino de todo el pueblo.


Cuando su dueña falleció fue llevada a dicha iglesia para despedirla, a donde Ciccio la acompañó. Desde aquel día de su muerte de acuerdo a lo publicado por el diario Il Messaggero, el perro no había dejado de ir ni un día a la iglesia desde que su dueña había muerto. Todas las tardes, Ciccio esperaba el regreso de su dueña María, sentado en la explanada de la Iglesia de San Donaci. No en vano, antes de fallecer su dueña, el perro la acompañaba hasta la Iglesia, la esperaba y luego, volvían a casa juntos. Era el paseo diario al cual la acompañaba.

Tras la muerte de su cuidadora, Ciccio se quedó pacientemente en la puerta de la iglesia, esperando el regreso de María.

Ciccio entraba con permiso del párroco Donato Panna a la Iglesia, quien le permitía estar en el templo durante los bautismos, bodas y entierros. Pero no quedaba solo, todo el pueblo lo protegía, lo alimentaba y nunca le falto una caricia como emblema de fidelidad.

Durante las misas, el perro era uno más como todo los asistentes. Después le dejaron un espacio para que Ciccio pudiese pasar sus días sin María. Allí, los fieles y conocidos de su dueña le proporcionaban comida y agua.

Una historia triste pero a la vez llena de amor, la de Ciccio, que cada día es más conocida y que recuerda a la historia real del perrito japonés Hachiko, contada en la famosa película protagonizada por Richard Gere.

Ciccio o Tommy tenía 13 años de edad, falleció de un paro cardíaco mientras dormía el 12/02/2013 a las 15:45h , y quienes conocieron su historia y se conmovieron con ella creen que, en estos momentos, se debe haber reunido con su dueña en el cielo.

La triste noticia la dio a conocer Sebastián Mapelli hijo de María Lochi a través del Facebook de su madre. “Por desgracia, tengo que dar a todos una triste noticia, Ciccio ya no está entre nosotros. Murió mientras dormía a las 15:45 debido a un paro cardíaco. Descansa en paz querido amigo”, explicaba en el mensaje a través de la red.
Desde que se conoció la noticia del fallecimiento de Ciccio, han sido muchos los mensajes que le han enviado. Gente de Italia y del mundo entero se ha quedado conmovida y triste al conocer la noticia.

Como no recordar a través de Ciccio, la enorme fidelidad que nos entregan nuestros perros, lo he vivido a flor de piel en mi vida, y no tan solo con mis perros personales, también con los perros del camino, con aquellos que nunca se han dejado acariciar por otro humano, ellos siempre esperan a su cuidador a quien han amado incondicionalmente, y  muerto esperando que regrese a buscarlo.

Confío que el dar a conocer estas historias podamos llegar a mas personas que tienen otra manera de pensar, que el solo olor a los perros les molesta.

Con una persona que logremos cambiar, nos demuestra que no estamos equivocados.

Les dejo otras historias, quizás no las conozcan y le alimente mas su alma con amor, del puro:
 Yaqui, Boby, Fernando, Mía Samira.

La historia de Ciccio es otra mas para seguir amándo a los perros, hasta el fin de mis días.

NO MAS ABANDONO DE PERROS


Marcela
losperrosdelcamino@gmail.com




16 de febrero de 2013

"Pirata"

En el camino las noches sin luna, son muy oscuras, tan negras como creo es el alma de los dueños que van a botar a sus mascotas escondiéndose de manera delictiva en medio de las sombras. Una de esas noches, vamos subiendo tarde, quizás con la esperanza de encontrar a alguien con las manos en la masa en el momento justo y preciso.



Las luces del auto iluminan un bulto claro sobre la calzada derecha, hago sonar la bocina para que se quite, pero ese bulto hace caso omiso, está sordo, no escucha, pero luego nos daríamos cuenta que no es que no escuchara, mas bien, no quería escuchar.


La noche está helada, hace frío, y aquel bulto claro solo busca quedarse en aquel lugar esperando a quién lo abandonó. Sobre la calzada aun hay tibieza que dejaron los rayos del sol. Al no levantar cabeza, detuve mi auto a un costado, me acerqué a conversarle casi con temor. Era un perro recien abandonado. Al escucharme, atinó a levantar su cabeza como diciendo, "no molestis".


Creo que de tanto llamarle la atención para que se levantara por temor a un atropello, me encontró razón, se levantó de mala manera, lentamente, estirándose como si no quisiera dar un paso. Ahí vi a un tremendo perro blanco, con  manchas oscuras en sus ojos. Parecía un pirata, como aquellos píratas que salían de las leyendas para quedarse emocionados en mi mente infantil.  Fue así como le llamé Pirata.
Pírata, al escuchar mi voz suave, le dió confianza y se acercó al auto, lo olfateó de manera enérgica, para luego darse cuenta que le estaba ofreciendo comida. De mala gana se acercó a olerla, lo mas seguro que aquella comida no se parecía en nada a la que seguramente lo tenían acostumbrado.


Tenía un pelaje suave y brillante, pero lo mas seguro que su querido dueño tiene que haber tenido un motivo muy importante para haberlo botado, pero se encontró conmigo, y para mi no existe motivo alguno para abandonar a tu mascota, y mas aún cuando ese animal ha sido criado desde cachorro en su hogar, participando de toda la familia.


Pírata era un perro rande, rande, me hubiese dicho un niño en media lengua, era tan grande, robusto, a mi gusto, hermoso, quizás para algunos su solo porte  daba inseguridad, temor, pero al acercarse, humildemente bajaba su cabeza para que le hicieran cariño. Al pasar  los días,  Pírata se fue adentrando en un jauría femenina, donde inclusive había una perra parida con cachorritos pequeños, y el, empezó a sentirte protector del lugar, acostumbraba a sentarse sobre las hojas, bajo los árboles, cerca de la camada, pasó a ser el padre protector de aquellos cachorros.
Cierto día, se detuvo una camioneta blanca, me extrañó que lo hiciera. Al preguntarle si querían algún cachorrito para adoptar, contestaron que lo querían a el, pero no les cabía en el vehículo que andaban, que volverían por el.  La gran duda.

A pesar de estar acompañado, donde los demás animales de la jauría, le entregaban y demostraban respeto,  tenía como para creerse el perro alfa sin serlo.  Había empezado a crear lazos con ese perro rande e inmenso de alma, y por esos lazos ya había encontrado a alguien que lo adoptara. Tenía que sacarlo. El  gran problema,  era un perro grande, de tamaño, y  ya costumbre que los perros grandes, los hacen desaparecer rapidámente,  por temor a que puedan atacar a las reces que ocupan los terrenos.  Hay alguien que se encarga de este sucio trabajo, deduzco quién es, pero no hay pruebas.

 Me fui feliz al camino, con la esperanza de encontrarlo, mimarlo y subirlo al auto.

Llegando al lugar, el mal olor putrefacto a perro muerto me dió mala espina, solo atiné llegar al sector sin siquiera llamarlo.  Ahi estaba el, tendido a la orilla del camino, inmóvil, inerte, hediondo, lleno de moscas sobre su cadáver.



Fíjate bien.  ¿Tu eras el dueño de este maravilloso perro grande?
Quiero que sepas, que ese perro grande, cara humilde y alma  noble, lo mataron.
Nunca logró ser feliz después que lo abandonaste.  Ese perro que dejaste una noche oscura y fría, lo mataron, murió esperándote.
Pírata sirvió de alimento para los nuevos que venían llegando.
Es el juego de la vida, unos pierden y otros ganan.
Será la deuda que la vida algún día te cobrará.
No hay deuda que no se pague.




Marcela Opazo
losperrosdelcamino@gmail.com




14 de febrero de 2013

"Elegía en la muerte de un perro"

Dentro de la literatura a veces nos encontramos con versos tan hermosos y profundos como estos de un gran autor. Te invito a disfrutarlos, y a sentir cada una de sus palabras. Quienes hemos sabido lo que es amar a un perro sabemos lo que significa perderlos ante la muerte.




La quietud sujetó con recia mano
al pobre perro inquieto,
y para siempre
fiel se acostó en su madre
piadosa tierra.
Sus ojos mansos
no clavará en los míos
con la tristeza de faltarle el habla;
no lamerá mi mano
ni en mi regazo su cabeza fina
reposará.
Y ahora, ¿en qué sueñas?
¿dónde se fue tu espíritu sumiso?
¿no hay otro mundo
en que revivas tú, mi pobre bestia,
y encima de los cielos
te pasees brincando al lado mío?
¡El otro mundo!
¡Otro... otro y no éste!
Un mundo sin el perro,
sin las montañas blandas,
sin los serenos ríos
a que flanquean los serenos árboles,
sin pájaros ni flores,
sin perros, sin caballos,
sin bueyes que aran...
¡el otro mundo!
¡Mundo de los espíritus!
Pero allí ¿no tendremos
en torno de nuestra alma
las almas de las cosas de que vive,
el alma de los campos,
las almas de las rocas,
las almas de los árboles y ríos,
las de las bestias?
Allá, en el otro mundo,
tu alma, pobre perro,
¿no habrá de recostar en mi regazo
espiritual su espiritual cabeza?
La lenuga de tu alma, pobre amigo,
¿no lamerá la mano de mi alma?
¡El otro mundo!
¡Otro... otro y no éste!
¡Oh, ya no volverás, mi pobre perro,
a sumergir los ojos
en los ojos que fueron tu mandato;
ve, la tierra te arranca
de quien fue tu ideal, tu dios, tu gloria!
Pero él, tu triste amo,
¿te tendrá en la otra vida?
¡El otro mundo!...
¡El otro mundo es el del puro espíritu!
¡Del espíritu puro!
¡Oh, terrible pureza,
inanidad, vacío!
¿No volveré a encontrarte, manso amigo?
¿Serás allí un recuerdo,
recuerdo puro?
Y este recuerdo
¿no correrá a mis ojos?
¿No saltará, blandiendo en alegría
enhiesto el rabo?
¿No lamerá la mano de mi espíritu?
¿No mirará a mis ojos?
Ese recuerdo,
¿no serás tú, tú mismo,
dueño de ti, viviendo vida eterna?
Tus sueños, ¿qué se hicieron?
¿Qué la piedad con que leal seguiste
de mi voz el mandato?
Yo fui tu religión, yo fui tu gloria;
a Dios en mí soñaste;
mis ojos fueron para ti ventana
del otro mundo.
¿Si supieras, mi perro,
qué triste está tu dios, porque te has muerto?
¡También tu dios se morirá algún día!
Moriste con tus ojos
en mis ojos clavados,
tal vez buscando en éstos el misterio
que te envolvía.
Y tus pupilas tristes
a espiar avezadas mis deseos,
preguntar parecían:
¿Adónde vamos, mi amo?
¿Adónde vamos?
El vivir con el hombre, pobre bestia,
te ha dado acaso un anhelar oscuro
que el lobo no conoce;
¡tal vez cuando acostabas la cabeza
en mi regazo
vagamente soñabas en ser hombre
después de muerto!
¡Ser hombre, pobre bestia!
Mira, mi pobre amigo,
mi fiel creyente;
al ver morir tus ojos que me miran,
al ver cristalizarse tu mirada,
antes fluida,
yo también te pregunto: ¿adónde vamos?
¡Ser hombre, pobre perro!
Mira, tu hermano,
ese otro pobre perro,
junto a la tumba de su dios, tendido,
aullando a los cielos,
¡llama a la muerte!
Tú has muerto en mansedumbre,
tú con dulzura,
entregándote a mí en la suprema
sumisión de la vida;
pero él, el que gime
junto a la tumba de su dios, de su amo,
ni morir sabe.

Tú al morir presentías vagamente
vivir en mi memoria,
no morirte del todo,
pero tu pobre hermano
se ve ya muerto en vida,
se ve perdido
y aúlla al cielo suplicando muerte.

Descansa en paz, mi pobre compañero,
descansa en paz; más triste
la suerte de tu dios que no la tuya.
Los dioses lloran,
los dioses lloran cuando muere el perro
que les lamió las manos,
que les miró a los ojos,
y al mirarles así les preguntaba:
¿adónde vamos?

Miguel de Unamuno


En recuerdo de todos aquellos perros que han quedado en un camino que un día tuvieron un dueño, a quien le entregaron su vida llena de amor incondicional, posteriormente abandonados, que ya partieron.

Feliz día del amor...




13 de febrero de 2013

"Grandu"


Era de noche cuando lo vimos por vez primera. Un bulto grande sentado en medio del camino. Es un perro mestizo blanco con manchas café, entre raza rottweiller con San Bernardo, me recuerda a Nerón,  aun parece  cachorro, se ve grandulón, medio pánfilo para caminar por lo grande que parece ser, siendo aun un cachorro con necesidad de  manos que acaricien.

Tristeza, impotencia sientes cuando ves a un perro que es tan fácil de querer por su carácter, manera humilde e inocente, lo han ido a botar hace algunas semanas junto a su supuesta madre. Les ha costado mucho ambientarse al lugar, el pequeño grandulón gigante anda de un lado para otro, no se acerca y menos se deja tomar.

Con el pasar de los días, ha ido tomándonos confianza, acepta que les llevo comida y agua. Los dejaron en un lugar donde el agua no existe, a menos que llueva, el río queda muy lejos de sus patas. El sector huele a perro muerto, es el cadáver de un labrador viejo que no fue capaz de resistir el abandono.

La vez anterior cuando fuimos, nos llamó la atención que ellos no estaban en el lugar, igual dejé algo por si acaso. Quise imaginar que alguien de bueno se los pudo haber llevado a los dos, pero no fue así. Hoy al volver, sale Grandu a encontrarme, gime, un gemido que duele el alma escuchar. Me acerco, y me encuentro que su pata izquierda trasera parece como si fuera de una vaca. Logro mirarlo, cierro los ojos de manera asombrada con rabia y pena. Su pata estaba con balas entre medio de los dedos, sangrando, con el hueso a la vista. Que fuerte!...hacía mucho tiempo que no me pasaba este tipo de casos.
Cuesta decidir que hacer cuando no se tiene los medios como para rescatarlo y llevarlo a un lugar donde pueda dedicarle parte de mi tiempo a los cuidados que necesita.

Con inmensa impotencia, me siento vulnerable ante tal situación. Sigo subiendo, y en el último lugar junto a mi ángel, decido pensar en traerlo. Mañana es el día de San Valentín, me digo, que mejor regalo para mí que poder sacarlo de este infierno.
De vueltas, paso a buscarlo. Me detengo, lo llamo una y otra vez.   La noche está oscura, la luna nueva que me acompañaba se ha perdido entre los cerros. El silencio se siente en el aire, pero Grandu no quiso aparecer.

Feliz Día de San Valentin, confío que llegará el día que aquellos perros abandonados volverán a sentir el verdadero amor tras una nueva oportunidad. Soñar es gratis. Querer es poder.

Hay que seguir.

Tu has leído, si lo quieres adoptar, avisame para seguir rescatando a los perros del camino.

NO MAS ABANDONO DE PERROS

6 de febrero de 2013

"Amo a mi mascota"


Estando en facebook, de repente en el muro me sale esta foto compartida por una amiga.
Al verla mis ojos se humedecen y mi mente retrocede algunos años trayendo momentos inolvidables que vivimos como familia.

Como no recordar aquellos días en que les enseñé a mis hijos amar a los perros, compartiendo con ellos desde que estaban dentro de mi vientre. Recuerdo que estando embarazada, me daba minutos para conversarles, colocarles música, leerles, y siempre estaba a mi lado Javier, nuestro primera mascota, la cual vivió a nuestro lado durante catorce hermosos años.
Luego vino Juju, a quién mi hija vió nacer y  aprendió amar como su hijo, viajaba junto a nosotros a todas partes.  Fue una de las causas de haber elegido su profesión, amar a los animales, gran causante yo.  Y al ver esta foto, vino a mi mente aquel día en que me sentí orgullosa de lo que había criado, a pesar de la pena que teníamos dentro de cada uno de los que formamos nuestra familia, por que Jujú, estaba muy enfermo. Le realizamos todos los exámenes habidos en el Hospital de la U. de Chile, estaba enfermo de los riñones, de a poco fue decayendo, hasta que llegó el día que dejó de alimentarse.  Desesperados nos fuimos nuevamente al hóspital. Allí lo examinaron tres veterinarios, que sabían cuanto lo amábamos, ninguno quería dar el resultado final, fue doloroso, triste, hasta que otro médico dice: no hay otra solución.

La imagen donde está el niño grande, me llegó tanto que no se imaginan, mi hija tomó a su perro, su bebé como le decía, en sus brazos, puso su cabeza afirmada en su hombro, mientras le conversaba de un mundo hermoso,  le cantaba, dándole gracias  por  todos aquellos hermosos años que vivieron y durmieron juntos.  Jujú la miraba con sus ojitos brillantes, mientras por los de mi hija descendía lentamente una lágrima.
Jamás olvidaré esa lágrima, aun siento como desciende.
Al  salir de la clínica...me dice:
Estoy feliz mamá...tuve el privilegio de ser lo primero y lo último que vieron los ojitos de  Jujú.

Desde ese día  siento aún mas admiración por aquella personita que tuve en mi vientre mientras acariciaba a un perro.

Que Dios bendiga a todos aquellos que hoy al mirar esta fotografía se ha sentido identificado.
Cuiden, disfruten y por sobre todo, AMEN A SUS MASCOTAS.
El sufrimiento de la perdida también nos enseña a ser mejores personas.

Esta foto es parte de cientos mas de Amo a mi mascota.

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Soy Rayo Boy, un pointer braco, me gusta mucho correr, conoce mi historia, es de un principe.La señora que escribe en esta página se enamoró de mí, y hoy duermo en su sofá en medio del living. Hoy pertenezco a una familia hermosa, tengo un collar con mi identificación y todo lo que necesito. Fui un perro abandonado en el camino, tracionado, pero gracias a esta página, estoy rehabilitado, y muy feliz.

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Gracias también a mis padres, ya que ellos fueron quienes me enseñaron a querer a los perros especialmente.
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