Fíjense en los lunares de su pelaje. ¿Saben que son? Garrapatas. Así fue como llegó este perro al camino, fuera de la enorme cantidad de garrapatas, en un estado de desnutrición asqueroso, con una sarna avanzada, hirviendo en garrapatas y pulgas. Al comienzo de su abandono, nos costó que tomara confianza y se acercara, el solo quería existir, no tenía deseos de nada, si le hubiera pasado un camión por encima, ni siquiera se hubiera quitado. Al pasar de los días intuyó que nosotros no le hacíamos mal, todo lo contrario, sabía que al caernos en gracia tal vez podría tener opción de comer quizás un poco mas, pero tenía un problema, no conocía lo que era alimentarse, tenía un hambre feroz, no dejaba ni siquiera acercarse a los demás perros a merendar, se les tiraba encima como diciendo esto es mío. Mordiscos iban y venían. Lo mismo con las caricias, cada vez que se nos acercaba algún perro abandonado para que le hiciéramos cariño, él se tiraba bravamente sobre el otro con tal de sacarlo y ser primero. Fue por su comportamiento que un día pensando en como le podríamos llamar de golpe y raja me acordé de un personaje que conocí hace muchos años por televisión, el hacía un programa infantil que muchos de los que tienen hoy mi edad, quizás se acuerden, fue así como en ese recuerdo de infancia en los años 70, nació su nombre: “Cachencho”
Cachencho era el nombre de un personaje infantil a veces catalogado como un héroe, otras como un gordo pesado y antipático, que dio vida el actor ya fallecido, Fernando Gallardo.
Así nace Cachencho, un perro mestizo que aprendió a ganarse el cariño de los que vamos al lugar, quizás un poco tozudo, llevado a su idea con los demás perros que lo acompañan, es medio territorial, pero con los humanos es amable, de buen temperamento, seguro de sí mismo, tenaz, cariñoso, entregado y confiado.
Cuando ya se habituó a su habitad, Cachencho solo se dejaba querer con los humanos, a gran parte de los que le ofrezcan comida, el se acerca inocente, no faltó el visitante estúpido, que por congraciarse con sus amigos, lo pintó con una brocha llenándolo de pintura en son de una raya a cada lado de su cuerpo, lo que le provocó una fuerte alergia a nivel de cuerpo, que logró sanar a base de remedios y tratamientos. En la foto lo apreciamos aún con pintura.
A las pocas semanas, Cachencho no salió como siempre a recibirnos, nos llamó la atención que le costaba ponerse de pié, fue entonces cuando Claudia nuestra veterinaria amiga que nos acompaña, al examinarlo descubre en su cuerpo una hernia traumática por algún golpe enérgico que alguien le dio. Nuevamente se puso en tratamiento. La vimos dura, pensando que no saldría adelante y confiando en que los remedios y el tiempo algo harían...siempre el tiempo a veces es el mejor amigo del dolor. Fíjense en la foto, entre el muslo y su guatita.
En otra oportunidad, nuevamente lo echamos de menos, otra vez no salió a esperarnos, caía la noche plena invernal y con nuestras mágicas linternas ya perdidas, comenzamos su búsqueda, hasta que lo encontramos acostado, inquieto, debajo de unos matorrales, Cachencho hervía en temperatura, todo su cuerpo estaba caliente, su naricita seca, decaído a rabiar, y con ganas de bajarse del mundo como la Mafalda. Nos costó acercarnos y hacerle entender que era por su bien, que debíamos sacarlo de ahí y ver que tenía. La sorpresa fue grande cuando descubrimos que en su cuerpo había pruebas de que algún ocioso maldito visitante del lugar, lo quiso tomar como tiro al blanco. Cachencho tenía dos orificios de balines, y de tanto querer sacarse el dolor que le producía, se había rajado su piel. Ese día, bajo un cielo oscuro, con un frío infernal, decidimos tomarlo a la fuerza obligada por salvarle la vida, nos costó ponerle el bozal y no exponernos a un apretón de su gruesa mandíbula.
El como sabiendo que era por su bien, como nunca se dejó hacer de todo. Bajo la poca luz de nuestras linternas con baterías casi agotadas, comenzamos a trabajar… Mientras yo lo tomaba enérgicamente, Claudia ponía antibióticos, antiinflamatorios, para luego poner puntos y suturar sus heridas. ¡Que valiente fue nuestro amigo!...grande Cachencho, le decíamos amorosamente mientras el entraba y sacaba su lengua para pasarla en nuestras manos agradecido. Mientras tanto al frente, en el cerro grande, no dejaban de subir y bajar autos parejeros que de repente nos ayudaban sin querer con sus potentes luces.
Pasaron las semanas, se vino la lluvia fuerte, la nieve en el lugar, que rico fue un día encontrarnos que Cachencho, plácidamente estaba dentro de una de las titantas casitas copeva que guarecen del frío a algunos perros. Se asombró ver la luz de los focos de mi auto. ¿Quién es?...
Desde el tiempo que lleva Cachencho en el camino, ha sufrido en carne propia los avatares de la soledad, ha sufrido ya lo suficiente como para ganarse el lugar de estar aquí y presentárselos por si su historia llega a algún corazón humanizado, que lo deseé adoptar.
Cachencho, es un perro que no necesita mayores cuidados que darle cariño y protección, solo requiere de un amo que lo mande con voz dura, que al hacerlo Cachencho sepa que en su dulce dominio está el cariño y respeto que quiere entregar en forma incondicional.
Si tu crees que Cachencho se merece un hogar como el tuyo, escríbeme, ponte en contacto conmigo, para traerlo lo antes posible, antes que sea tarde y que el maldito llevador de Septiembre, se lo lleve a los circos para ser comida de leones o que alguien disfrute unas ricas empanadas con gusto a carne sin saber de donde viene la carne.
No olvidemos que en sectores como el camino en este mes que comienza es “casi normal”, que los perros desaparezcan por uno u otro motivo que no hemos podido descubrir, pedirles que por favor a quienes vayan a alimentar a los perros del camino cuiden su forma de hacerlo, háganlo sin hacer daños a los locatarios que viven en el sector, no corten los alambres, no pongan
diarios, menos bolsas plásticas, ya que estas se demoran muchísimos años en disolverse, pongan atención en los vehículos que van con perros dentro, ya que suele suceder que “sin querer”, se les olvida el perro cada vez que van a pasear al lugar o a elevar volántines, tomen números de patentes, fíjense en cada acontecimiento que pase en el camino, así andaremos alerta para evitar que malandrines traicioneros dejen a sus mascotas.
Hoy Cachencho tiene una oportunidad, mira sus ojos, quizás en ellos puedas ver hacia su corazón, las ganas que tiene de encontrar a alguien que nunca mas lo abandone.
¿Recuperemos a Cachencho antes que muera?
NO MAS PERROS ABANDONADOS
Marcela Opazo
losperrosdelcamino
"Un perro no tiene por que andar en la calle solo, debe salir a pasear tirado de una correa de la mano de su dueño, de lo contrario se convierte en un perro callejero."












