Cuando cae la lluvia no hace discriminaciones, cae en todas partes de la región, cae despacio, fuerte, gota tras gota va mojando calles llenas de gentes, caminos solitarios donde solo están ellos, parte de los abandonados que un día tuvieron un hogar y una mano protectora que cubrió sus cabecitas tiernas de cachorro. La lluvia la misma que nos da de comer en las cosechas campestres, lluvia que moja edificios, casas, cartones, pelajes de animal recorriendo lugares intentando volver al que una vez fue su familia.
La lluvia, que recuerdos hermosos vienen a mi mente cuando me veo en esa ventana de mi hogar, mirando hacia la calle a través de sus cristales empañados, viendo pasar multiples paraguas de colores, uno,dos, tres...echábamos competencia con mi hermana en contarlos, quien elegía los mas colorientos, eran tardes entretenidas infántiles mientras mi madre hacía con sus manos blancas las exquisitas sopaipillas pasadas que nos serviríamos cuando mi padre llegara a la hora de tomar once. ¡Que recuerdos!, hoy mi padre a sus noventa y un años, aún ve caer la lluvia desde su ventana, pero es otra ventana, ésta mira a la bahía.
Hoy me llama un amigo para decirme...Marce, en el camino está la grande, la lluvia dejó estragos, la comida de hoy no alcanzó, ellos pasaran hambre...palabras que no dejan tranquila mi conciencia, yo calentita con los míos dentro de mi hogar cálido, seguro, y ellos con la guatita vacía. Se repetía una y otra vez la misma información en mi mente. Por minutos se detuvo la lluvia, voy o no voy, esa incertidumbre de ir y encontrarse con esa hermosa y a la vez asqueroza lluvia en el camino, donde el auto se mueve entre viento, lluvia y nieve. Nadie que me acompañe, soy fuerte, valiente para algunos casos...jajaja...yo, la que me considero cobarde, soy valiente. Cargo el auto, llamo a Sandra, y me dice, yo te sigo. Esa sensación de que alguien está contigo en los peores momentos es lo que me alienta a seguir.
En las Viscachas me encuentro con esta imagen de un poste eléctrico caído, que tomo desde mi ventana, manejando, el camino en parte está cortado, la lluvia empieza a caer, no alcanzaré me digo, suavemente acelero, el barro y agua me saludan en las ruedas, los vidrios se empañan, pongo la calefacción, ellos sin saber que voy, saben que estoy, ven que me detengo y empiezan acercarse.

A los pocos minutos otra vez esa inmensa cantidad de gotas que moja, siento la granizada sobre el techo, ellos alcanzan a comer y luego a un grito mío se guarecen entre medio de los arbustos, y yo ahí sola dentro de mi auto, sigo, me devuelvo, sigo, me devuelvo, en lo que siento una bocina, es Sandra que me avisa, aquí estoy amiga, detrás tuyo, te sigo, eso me da fuerzas, comienza una vez mas nuestra loca aventura recorriendo otra vez ese camino mojado, lleno de árboles meciéndose furiosos al viento con el temor de caernos encima, subimos lentamente, nos detenemos en las partes donde no alcanzó el alimento. Sandra me saluda como si hace muchos años no nos vieramos, es rico abrazarnos con tanta entrega, con tanto respeto, y sonreímos de nuestras locuras, me dice, pasé a comprar un saco, que bueno, mas vale que sobre a que falte, manos a la obra, seguimos subiendo.
Al detenernos, allí están ellos, como si supieran que no los dejaríamos totalmente abandonados, parecen diucas de mojados, se me acercan a lamerme las manos, yo se las acerco hacia sus cabezas, saco parte de los tarros que les manda la Melita, los abro, llegan como abejas a la miel, que feliz soy entre tanto perro, la impotencia no tiene derecho a salir en esas circunstancias, vacíamos un saco, luego que comen otra vez de un grito a acostarse, ellos moviendo su rabo húmedo vuelven bajo los árboles donde se cobijan tiritando, pero ahora con el sabor de haber comido, de tener por unas horas heladas su guatita llena.
La lluvia nuevamente se hace sentir, miro hacia atrás por el espejo retrovisor, veo a mi amiga que me sigue, me da confianza, eres mi guardaespaldas le digo cuando nos volvemos a detener, y nos matamos de la risa. Parece que los días de lluvia nos une, recuerdo el reportaje de Megavisión, la ida a buscar a nuestra gran Difunta Correa el día que la sacamos de ese lugar para irse a su nueva casa, la emoción me envuelve, pienso, no es tan mala la lluvia.
Me voy deteniendo en todos aquellos lugares donde nadie mas que yo llega, pobres, de seguro son los que mas sufren, pero a mi subida trato de no saltarme ningún lugar, aunque ellos no estén en sus lugares, siempre dejo lo que puedo, se que habrá un abandonado caminando buscando algo para engañar sus tripas. Hoy el agua no hace falta, solo necesito alimento para ellos y a esa persona de alma noble que a mas de alguno quiera adoptar, por Dios como necesitan de un hogar esos pobres abandonados que dejó la mano humana.
Llegando al campo de tiro, no falta ver por ahí debajo de algunos matorrales un auto, ese auto que románticamente lleva a su pareja a escondidas para prometerle el mundo pidiéndo la prueba de amor, que prueba...jajaja...sexo puro escondido, sin límites. Con Sandra nos miramos y nos reímos...ellos calentitos dentro de su auto, sordos y mudos ante el mundo que los rodea, y nosotros con las zapatillas embarradas de un lado para otro.

Ahí están, llegan de todos lados, apuraditos capeando la lluvia mojada, me asombra ver a una negrita que abandonaron la semana pasada ya ubicada dentro de la jauría, no había caso aún que se acercara, la observo de lejos, pobre, tiene en su lado izquierdo una herida abierta, intentamos tomarla, pero arranca, calma, calma, le digo, para la próxima digo... si es que sobrevive, pienso, por lo menos ya no está tan sola, está acompañada de los bellos show show tendidos en la humedad, a ambos les encantan los huesitos galletas, les hacen chupete.

La lluvia comienza otra vez a caer grosa, a lo lejos veo a la Blankita, me habían dicho que estaba enferma, pero no, no está enferma, anda decaída, lejana, no faltó la animalista que quiso hacerle un bien, la sacó de su habitat, la trajo a esterilizar y luego sin escrúpulos la devolvió al camino con el dolor de sus heridas, ignorando que las heridas duelen con el frío, y además al quedar mal esterilizada expelen otro olor que las hembras rechazan, pues bien, a la Blankita la rechazan, está sola, cabizbaja caminando en solitario, da pena verla, cuando antes era feliz entre medio de sus pares. Hay que sacarla de allí, si alguien desea adoptarla, por favor avíseme, yo me comprometo con ellos, para sacarlos del lugar y dejarlos a su posible casa.

Comienza la bajada, la lluvia cae cada vez es mas fuerte, mas gruesa, son granizos sobre mi techo, pongo la radio a todo lo que da, no me separo de las luces de la camioneta, quiero salir lo antes de ese lugar, ellos quedaran allí, la lluvia borrará nuestras huellas, la lluvia será en parte cómplice de unas locas que aman los perros.
Así llueve en el camino...¿quieres ver?
Ojos húmedos, mirada hacia adelante, paso lento, anuncian nuestra despedida...de un mundo que existe y que pocos conocen. Mañana será otro día...volverá a brillar el sol.
Marcela Opazo