Le dejé alimento, me fui lentamente para yo ahora, observar de lejos que hacía. Esperó que me alejara para acercarse a comer.
Al viaje siguiente lo busqué, no lo encontré. Y así sucesivamente, hasta que un día miro hacia al lado de la maletera de mi auto… ¡que alegría!...Era él. Estaba de pié, afirmado, esperando que lo mirara, esperando que lo tocara.
Que me dijeron, suavemente puse mi mano sobre su cabeza, tenía aún su pelo suave, pero en ella yacían decenas de garrapatas. Con la ayuda de mi esposo, opté por inyectarlo, solo pensando en su bienestar para la dura lucha de sobrevivencia. Creo que fue uno de los cientos de encuentros maravillosos que he tenido con seres tan inocentes como el, que no saben de maldad…para mí no hay perros malos, ellos no actúan en forma alevosa, ellos actúan por instinto, nosotros los humanos actuamos por ser racionales, algunos malditos lo piensan muy bien antes de ir a ABANDONAR A SUS PERROS POR CAMINOS DONDE MUEREN DE HAMBRE, SED, Y TOTALMENTE DESPROTEGIDOS. Por desgracia he recorrido y conozco la gran mayoría de estos caminos.
Un día, nos siguió todo el camino, terminamos nuestra labor, luego nos detuvimos como siempre a esperar la noche, tomamos once en su compañía, de repente trae un palo que encontró, lo dejó (no lo tiró) a los pies de mi esposo, éste lo miró, tomo el palo y lo lanzó lejos…tan lejos que cayó en el barranco. De repente lo vemos que salió disparado como un rayo de rapido…jaja, cuando vemos que el palo cayó mal, intentamos detenerlo, pero ya era tarde. El perro se había lanzado al barranco. Con pena, susto, nos miramos, nos pusimos pálidos a medida que iban pasando los segundos y no aparecía…mi esposo iba a ir a sacarlo, pensando que había sucedido lo peor, y en eso, aparece increíblemente feliz con el palo atravesado en su hocico, el que dejó caer nuevamente a los pies. El alma nos volvió al cuerpo. Mi esposo lo tomó, lo abrazó…lo subió al auto…fue entonces que lo bautizamos como "Rayo".
Al pasar de los meses, le enseñamos a volver a confiar en los humanos, le enseñamos a jugar, él aprendió tan rápido que hoy no quiere alejarse de nosotros cada vez que siente el motor de mi auto a lo lejos, venía corriendo a mi encuentro. No se conformaba con vernos solamente, sino que decidió un día correr detrás de mi auto.
Fue asombroso mirarlo con que potencia corría con tal de estar a mi lado. Era el nuevo Flaco, mas oscuro, mas pequeñito, un gran rayo…en el estaban todos los perros que alguna vez corrieron detrás de mi vehículo con tal pasión.
Lo puse a prueba, hasta donde sería capaz de seguirme corriendo detrás de mí. Cierto día decidimos irnos hacia San Gabriel a pasear,después de terminar nuestra labor, pensando en que no nos seguiría lo dejamos atrás confiados creyendo que se devolvería a su territorio. Fuimos y cuando veníamos de vuelta, mi esposo me dice: mira hacia delante. No puede ser, es “Rayo”…detente. No podíamos creerlo que hubiera corrido siguiéndonos mas de treinta kilómetros.
Basi se detuvo, yo abro la puerta y lo subo adelante. Que alegría de encontrarnos, para que les cuento como dejó de mi cara mojada de su saliva.La emoción afloró en mis ojos. No podía dejarlo tan lejos del camino.
Lo pasé al asiento trasero, calladito a ratos dormitaba...
...hasta que llegó el momento de bajarlo. Llegamos, aquí es tu lugar le dije. A duras penas se bajó. Tengo que reconocer que me ganó…jajaja…la primera vez fue capaz de correr, pasando difíciles pruebas salvajes de los perros cuando el cruzaba sus territorios, cruzó el puente, siguió corriendo hacia la cordillera en subida. Desde aquella oportunidad siempre llega a donde yo estoy, llega con su lengüita afuera de cansancio y sed, bajaba agua y le ofrecía, hasta que un día no soporté mas y lo subí a mi auto. Ya arriba era como si mi perro Jujú, ya fallecido, hubiera vuelto a vivir en el.
Al comienzo era terrible de histérico, gemía, lloraba, se desesperaba, cada vez que yo me bajaba hacía el escándalo, hasta el cuero de la puerta de mi auto tiene recuerdos de sus dientes…jajaja. Aprendió a que cada vez que yo me bajaba, el se sentaba en el asiento del conductor, colocaba su pata en el manubrio y toca la bocina, nosotros la disfrutamos toda cuando lo hace.
Una mañana me llama Loreto y me dice que Rayo está cojo, tiene un huachi en su pata, que ella no se lo puede sacar, lo tiene demasiado apretado y se queja de dolor. Increible, esperé que llegara mi esposo, le cuento, y me dice vamos altiro. Por suerte lo encontramos, con mucha humildad se acercó a mi llamado, como a sabiendas que nosotros no le haríamos daño. Me miraba con su carita de pena, acongojado por su dolor...¡malditos cazadores!.
Se lo sacamos, le hice curación...ya casi anochecía en el camino.
Junto a Chiquitita, esperan que yo llegue para ir de paseo…aunque ahora último, el muy ingrato...jajaja...me ha puesto el gorro con Loreto y Maca. Hoy es nuestro compañero habitual, especialmente para mí… que lo eduqué, puedo decir que le he devuelto en parte su vida, le he dado todo lo que mas he podido, pero lo que mas quisiera darle aun no lo logro conseguir. Quiero un hogar verdadero donde Rayo sea aceptado por lo que es, por lo que vale como perro, solo por ser un ser vivo, con su gran inteligencia instintiva que admiro en los perros. Rayo es un niño, que busca amor. Llega a ser cargante de tierno, de amoroso. Quiero que Rayo sea el rey de la energía positiva para un hogar, de seguro él, le cambiará la vida al mas triste de los humanos, y si mas encima a su futuro dueño le gusta salir a correr, están hechos el uno para el otro. Vez que nos ve en bicicleta, el es nuestro asiduo compañero.
Cada vez que me despido de él, me vengo pensando que tarde o temprano lo encontraré en la puerta de mi casa. Como lo hizo el Flaco buscando su destino.
Si este escrito que lo he redactado con la emoción en mis ojos de felicidad por lo que Rayo ha dado a mi vida, sirve de algo para que alguien que lo comprenda llegue a su corazón para poder adoptarlo, por favor comunícate a mi correo. Yo seré una eterna agradecida, como lo he sido siempre con quienes me han dado la posibilidad de recuperar verdaderamente a un perro del camino.
Tengo esperanzas que Rayo, a través de mi página pueda tener la posibilidad de ser adoptado.
Te atreves a adoptarlo?...si dices que sí…por favor házmelo saber lo antes posible.
Rayo Boy’s : es un perro perfecto por excelencia, un corredor de universos, fuerte, fogoso, pasional, estiloso, es un verdadero Señor del Aire.
NO MÁS MISERIA HUMANA, BASTA DE ABANDONO DE PERROS.
NO MAS ABANDONO DE PERROS
Marcela Opazo
mariposaunika@gmail.com
losperrosdelcamino@gmail.com