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19 de julio de 2008

"Bufanda"


Lo vi por primera vez sentado a la orilla del camino, como esperando algo o alguien. Auto que veía pasar; automáticamente intentaba parar sus orejas caídas sobre su cabeza negra con algunos pelos blancos. Al parecer su raza era un border collie, raza de pastoreo, inteligente, cariñoso y leal. Me llamó la atención la forma de mirarme, vestían sus ojos pena profunda, su pelo al parecer suave caía en su cuerpo negro, y lo mas llamativo de el, era su cuello… tenía alrededor de el, una bufanda blanca que lógicamente saltaba a la vista de inmediato, como un hermoso corbatín de seda. Fue entonces cuando a Marcelo se le ocurrió llamarlo Bufanda, nos pareció gracioso y todos nos sonreímos al observar, era como si tuviera una bufanda alrededor de su cuello.
Bufanda, Bufanda le dijimos…y Bufanda aprendió que desde ese día se llamaría así.
Vio detenerse mi auto, se levantó del suelo, y corrió a nosotros al vernos bajar, nos olfateó por todos lados, dio media vuelta y se fue con la cola entre las piernas, cabizbajo y taciturno, inseguro y frustrado.

Despacio, corrí hacia el, puse mi mano sobre su cabeza algo gruesa dentro de su cuerpo delgado y casi desnutrido, me miró con lágrimas en sus ojos, la emoción embargo mi cuerpo, temerosa a que me rechazara le ofrecí humildemente una paila con algo de alimento, volvió a mirarme, bajó su cabeza y comió, comió lenta, pausadamente…a ratos levantaba su cabeza y volvía a mirarme. Vi ahora unos ojos tremendamente agradecidos, mi mano cálida se posó sobre su cabeza que sentía ahora el presionada hacia ella para llenarse de ese cariño que sin intuirlo, volvía a conocer.

Ese día fue algo especial para nosotros, conocer a Bufanda y descubrir de nuevo que los humanos son tan mala leche al compararlos con los perros. Un perro no te abandona, un perro se queda hasta el fin de la lealtad, un perro no te traiciona, y si alguno de nosotros lo hacemos, el nos perdona una y mil veces. Siempre pienso que si, ese amo maldito que abandonó a su más fiel mascota en esos caminos olvidados donde pasan hambre, frío, sed, dolores, sufrimientos y soledades, donde solo se va esporádicamente, se arrepintiera y volviera al lugar del abandono, estoy segura que aunque hubieran pasado los años, y su mascota aún estuviera con vida, el perro al reconocerlo, movería su cola agradecido y feliz. Es la ciencia del instinto.

Ese día Bufando quedó calmado, como ya haciéndose a la idea que nosotros no éramos sus amos, pero ya no estaría tan solo y desprotegido.

Pasaron las semanas, los meses, Bufanda nos esperaba siempre sentado a la orilla del camino, y como desde sus comienzos al vernos corría hacia el auto, ahora mas, lo hacía con mas fuerzas, con mas ganas, por que sabía que nosotros somos diferentes, tal vez como pocos.

Un día Marcelo llevó su bicicleta. Bufanda al verlo pasar, corrió tras de él. Nadie creyó jamás que Bufanda tal vez por ser algo mayor, lo iba a acompañar en su subida hacia el final del camino. Fue una hermosa sorpresa, verlo correr detrás. Ahí nos demostró que era capaz de buscar, de seguir, de conseguir lo que quiere…que una mano le haga cariño en su cabeza. Cada vez que Marcelo va con nosotros, Bufanda nos acompaña tras del auto.

Se hizo cotidiano que nosotros recorriéramos el camino, y al final de la jornada nos detuviéramos “en el lugar de Bufanda”, así le llamamos, ya que vamos identificando los lugares donde habitan los perros regalones con sus propios nombres. Nos deteníamos como es habitual, a tomar once, mi rico café al aire libre…y el, era nuestro acompañante de turno sabatino.


Un día al llegar al lugar no lo encontré, lo buscamos por todo el sector. Nos preocupamos y nos devolvimos con la idea de que algo le habría pasado.
A la vez siguiente, no estaba en su lugar, sino más arriba, por el frente contrario. Lo vimos asomar su cabeza como para avisarnos que allí estaba. Nos detuvimos, y al hacerlo, Bufanda escondió su cola entre medio de las piernas, se escabulló y se escondió entre los arbustos.

Ya era noche, estaba oscuro, nada se lograba ver, más que sombras. Como siempre llevo en mi guantera una linterna, regalo que me hizo sin hacerlo, (nótese la contradicción)…nuestro gran amigo José Emilio, que un día sin querer el camino me presentó. Basilio se devolvió a buscarla para intentar rastrear el lugar donde estaba Bufanda. Tuvo suerte, lo encontró…lo encontró adolorido, quejándose al solo poner una mano sobre su cabeza, extraño, verdad…lo toma en brazos, lo lleva hacia donde yo estoy. Con cuidado lo revisamos, encontrándonos que arriba en la parte alta de su cuello blanco, tenía una muy fea herida, el pus salía al solo tocar. Intentamos sacarle lo que mas se pudo de materia, se quejaba, dolía bastante, pero el respirando rápido se aguantaba, hasta que no pudo mas e intentaba escabullirse nuevamente. Saqué un pedazo de miga de pan, puse en su interior una pastilla antibiótica, otra antinflamatorio y se las di, pensando que en algo ayudaría a detener su infección. Volví a ir al día siguiente a darle otra vez las pastillas, ya que confiaba en que haría efecto como tratamiento. Se le hizo una ramada de urgencia para que se protegiera aunque fuese un poco. A simple vista, me dí cuenta que era la herida similar a la que tenía Cholito cuando fue sacado del camino, junto al Colly, irresponsablemente.

Al jueves siguiente, al ir con mi aperrada amiga Claudia Aguilar, le comento de Bufanda. Lo dejamos para el último. El nos estaba esperando. Al vernos movió su cola en señal de alegría, sin pensar lo que le esperaba. Claudia, sacó su maletín, mientras yo lo tenía afirmaba, ella ponía un bozal en su hocico temeroso. Al solo tocarlo, la pus corría sobre su cuello, él se remecía de tanto dolor…la herida estaba tan profunda, que su piel muerta se cortó sin siquiera Bufanda la sintió. Le depiló toda la zona, se terminó de cortar su piel muerta, se le hizo curación con agua oxigenada, una y otra vez…cuando pensamos que ya estábamos terminando, sin querer toco su oreja y otra vez mi mano la siento mojada. Claudia lo examina, descubriendo otro hoyo más. Ahí nos dimos cuenta que esos cortes infectados eran de mordidas de dientes grandes de perros. Y sus quejas de dolor en su cuerpo eran motivo de que los perros “cabrones”, así le llamo a los perros que se aprovechan de los mas débiles, ellos habían sido los culpables de tantas heridas profundas. Claudia le inyectó antibiótico de amplio espectro, pensando que al día siguiente nadie lo podría venir a ver. Confiando en Dios y en las manos mágicas de Claudia, de haber hecho lo más posible por Bufanda, lo dejamos en su lugar.
¡Pobrecito!...repetíamos una y otra vez. No podíamos creer que aún estuviera vivo… ¿Por cuánto tiempo mas?

Pasaron los días, las semanas, traté de hacerle el tratamiento indicado lo mas seguido mientras mis posibilidades me lo permitieran, turnándome en la semana con Loreto para llevarlo a cabo…solo así Bufanda pudo sobrevivir. Poco a poco, su herida fue cicatrizando. Que alegría de verlo nuevamente saltar, correr, era increíble que hubiera sobrevivido a tal infección.

En Mayo me llama Naty, asidua acompañante sabatina, para decirme que quería regalarle la casa que había sido de su perra Daicy, recientemente fallecida, a nuestro gran amigo Bufanda, para que así pudiera sobrellevar el frío con más dignidad. Que nos han dicho…partimos con mi esposo a su casa, subimos la casa sobre nuestro auto. Yo manejaba, mientras Basilio la llevaba afirmada. Nos encontramos con Víctor y Macarena quienes fueron cómplices acompañantes de nuestra ida ese hermoso día de lluvia.

Bufanda ya no estaría a la intemperie, estaría protegido del agua, del frío, mientras su herida seguía cicatrizando.


A principio de Julio, nos extrañó que Bufanda no estuviera en su sector. Lo buscábamos sin hallarlo, hasta que la semana pasada recorriendo el camino, lo vinimos a encontrar bien retirado del lugar de su casa. Lo subimos al auto y lo llevamos de vuelta a su sector. Confiados en el, lo dejamos dentro de su casa con comida para que no saliera. Pues bien, el miércoles que fue feriado, el día de las Carmen, nuevamente no estaba, pero ahora en su casa había un tremendo perro adueñado de ella, otro perro abandonado que seguramente atemorizó a Bufanda y este se fue del lugar. Seguimos subiendo y lo hallamos en el mismo lugar de la semana anterior. Al hacerle cariño en su cabeza, palpo algo raro, lo reviso y me encuentro que la herida está abierta nuevamente, lo que me dice que nuevamente alguien le pegó y le enterró los dientes en la misma parte de su cabeza. Mientras mi esposo lo afirma, le hago un bozal de chiripa, para hacerle curación como la primera vez, vuelvo a darle antibióticos…

Ojalá que hoy sábado me espere para curarlo esperanzada que pronto se pondrá bien...si es que aún vive.

La historia se vuelve a repetir…tras el abandono la muerte se acerca a pasos agigantados.

14 de junio de 2008

"Makita..."

En una de mis tantas subidas al camino, me detengo como de costumbre en cada lugar donde alguien me espera, solo que ese día domingo, en cierto lugar encontré dos caritas nuevas. Ellas eran hermanas, cachorras mestizas de cocker, aproximadamente de tres meses, con un pelaje precioso, sin pulgas, pero con cientos de garrapatas, he ahí mi respuesta el porque las habían abandonado. Quizás ellas instuían que al verme detener mi auto, yo podría ser quién las había abandonado, y las iba a buscar. Corriendo bajaron el cerro, vinieron hacia mí, al verlas hecho puteadas y maldiciones en contra de esa bestia humana que las abandonó como si fueran basura, inservible, ni siquiera reciclable. Malditos mil veces, repito en mi mente, y a la vez pido perdón a Dios por hacerlo, pero es tanta mi impotencia de no poder hacer mas que intento resignarse, tomo aire, vuelvo a hacerlo y reacciono.


Saco de la maletera huesitos de calcio especiales para regalonearlas, se los muestro, y ellas se acercan, tímidas e inseguras. Les hago cariño en su frágil cabecita y lloro, si,lloro de rabia e impotencia por no saber quien mierda las abandonó, por que si fueran verdaderamente humanos, antes de hacerlo hubieran pensado en sus hijos, en sus familias...que todo mal que hagamos en esta vida, se nos devolverá tarde o temprano.


Las dejo ahí encargándoselas a ese alguien que todo lo ve y todo lo sabe. Confío en El, que algo hará.

A la vez siguiente, las busco, las llamo, pero solo una corre hacia mí, es la mas debilucha, la mas frágil, la mas tierna, entonces se me acerca, la tomo en brazos, la beso y la bendigo, es la única que encuentro. Busco a su hermana en los alrededores, subo el cerro para buscar imaginariamente su cadáver, pero no lo encuentro, por lo cual deduzco que alguien se la llevó. Prefiero pensar así, que pensar que los perros la mataron y se la comieron.


Le hago regaloneos especiales, ya que de toda la jauría es la componente mas chiquita, mas nueva, la mas propensa a no sobrevivir. Para sentirme menos mal, la dejo con harta comida, como para disculpar mi conciencia que no puedo hacer mas. Ese día le prometí hacer lo imposible por sacarla de ese lugar, donde nunca debió haber llegado.

Pasan los días, y ella sigue ahí, siempre esperándome, como si supiera que yo no la dejaría sola, me espera sentada arriba del cerro mirándo hacia el camino, ve mi auto que se aproxima y ella baja corriendo como de costumbre a buscar su regalo...toma, toma, llevátelo, corre, llevátelo...y ella como si supiera que si no lo hace, mas de alguien se lo quitará y no podrá servirselo. Cierto día, al irme de ese lugar, miro hacia atrás y ella corre detrás de mí buscando una esperanza. Me detengo, me bajo y la subo al auto, me devuelvo a dejarla a su lugar.


Sin saber que no la volvería a ver mas. La busqué durante semanas y no la encontré. Supuse entonces que alguien se la había llevado, hasta que un día veníamos ya bajando con Claudia,Magda,Orlando y Maca, cuando de repente Magda dice...para, para que es eso?...me detengo, y no puedo creer lo que veo, era ella, la Makita,en un estado deplorable, ni luces de la Makita que había conocido y dejado de ver hacía un mes, ella estaba tirada en el suelo, desnutrida, puro hueso tocable, puro pellejo, no se podía mantener en pie, hervía en fiebre...la subimos al auto pensando en su posible recuperación la llevamos a un lugar donde podría estar tranquila. Claudia la examina, y diagnóstica: distemper avanzado. ¿Que hacemos?...pregunto.


Se hizo lo que mas se pudo, comprometiéndonos con Maca a continuar su tratamiento. La dejamos en un colchóncito, abrigadita, acostada y con alimento, confiadas que estaría bien hasta el día siguiente.


Promesa hecha, promesa que debo cumplir. Macarena subió a inyectarla, gracias a Victor que amablemente la llevó, pero con tan mala suerte que no la pudo encontrar. Maca y Victor, volvieron al otro día, la buscaron y nada, Makita había desaparecido.
Al ir yo, la busqué, sin tener resultados positivos, pasaron las semanas, y con pena tuve que aceptar que había muerto, que el distemper se la había llevado. Makita era otra más de las víctimas del abandono en el camino. ¡Había muerto!.

Esta historia continúa.
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Soy Rayo Boy, un pointer braco, me gusta mucho correr, conoce mi historia, es de un principe.La señora que escribe en esta página se enamoró de mí, y hoy duermo en su sofá en medio del living. Hoy pertenezco a una familia hermosa, tengo un collar con mi identificación y todo lo que necesito. Fui un perro abandonado en el camino, tracionado, pero gracias a esta página, estoy rehabilitado, y muy feliz.

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Como no agradecerles todo el amor que me entregan a diario, toda esa comprensión que tienen cuando les digo...vamos al camino...y ustedes de siempre me han acompañado, me han ayudado, con frío o calor.
Gracias a mi linda familia, a mi esposo, a Dany y Marce, creo que sin ellos, yo no podría estar todo lo que he estado en estos años.
Gracias también a mis padres, ya que ellos fueron quienes me enseñaron a querer a los perros especialmente.
Los amo y lo saben de sobra, me da lo mismo que me digan mamona...jajaja, y a mucha honra.
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Marcela

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