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6 de julio de 2014

"Rengui"

Ha pasado el tiempo, dicen que el tiempo todo lo cura.
Que mas quisiéramos que fuera así.


Cuando les conté la historia de Rengui, la perrita de raza poodle que exponiendo mi vida, me robé del medio de la autopista en la ciudad de Rancagua, estaba insegura conmigo,  aún no podía superar el tremendo sufrimiento al  que estuvo expuesta esta pequeña sin la ayuda de nadie.  Me pregunté varias veces,  ¿por que a mí? ...por que tenía que ser yo quien la salvara de una muerte segura. Hubo personas que me consolaron diciéndome que yo era su ángel, hoy lo pienso, y casi me lo creo.  De no haber sido por ese viaje a Rengo, por no pasar a Juan y Medio,  lo mas seguro que la habrían atropellado.   Rengui tenía en ese momento todas sus intenciones de suicidarse, ya no le quedaba motivo por que existir.   Me conformé, era mi destino, por algo será, y si es, ya está,  lo acepto e intento  pasar la prueba en las mejores condiciones posibles.

Sus profundas heridas comenzaron  de a poco a cicatrizar, los fuertes antibióticos empezaron a surgir efecto.


Su pelito empezó a salir,  la sarna se fue de su cuerpo. Las costras empezaron a caer.


Su mirada empezó a cambiar, ya no miraba un punto en el suelo, levantaba su cabecita para tomar sol, solo recordarlo me vuelvo a emocionar, la primera vez que la  vi que algo estaba cambiando en sus ojos tristes.

La vez anterior les conté que Rengui estaba en estado de desnutrición avanzado, tenía incontinencia urinaria y fecal.  Sugerencia veterinaria, hagala dormir.  A pesar de saber a lo que me exponía, preferí la vida antes de la muerte.

Fue difícil volver a empezar, empezar a dar los primeros pasos  con un perro extraño y necesitado en la manada, que a pesar de ser extraña, fue aceptada en las condiciones que venía, con su cuerpo lleno de heridas,  una infección urinaria fuerte, y para rematarla, sorda y coja.   Rengui no escuchaba, tenía sus oídos llenos de pus y tierra.

Pasaron los días, metele a cada rato alimento hasta que no diera mas de satisfecha, vitaminas, tratamientos de antibióticos recurrentes.  Trapos ivan, trapos venían para limpiar de inmediato por donde ella caminaba para evitar malos olores.  En ningún momento la discriminamos por su condición, todo lo contrario, nuestras manos suaves se apoyaban constantemente en su cabecita para darle seguridad.  Al cabo de unas semanas, tras de volverme loca limpiando diariamente sus oídos, volvió a escuchar, que alegría mas grande, no era sorda, hoy se sabe que ella es la Rengui, al son de escuchar su nombre, llega a volar donde la llaman.

Fueron días de educar, de enseñarla para que pudiera solita volver a sonreir con la ayuda de todos nosotros, una familia entera con  una tarea caótica cuando traia tanta tristeza de su vida en el abandono. Marcelo  se asombraba de que todo ese sufrimiento aun lo vivía en sus sueños cuando dormía a saltos.  De a poco se fue adentrando amistosamente con los perros dueños de casa, pausamente sin que nadie se diera cuenta se fue ganando a la Kitty, la perra mas viejita de mi jauría, acercarse a su cama, a dormir durante el día a su lado. Kitty como es sordita y ciega, aceptó ese calorcito en su espalda sin quejarse. Pasó a ser la dama de compañía.


Ya repuesta en su estado físico,  la llevé a esterilizar, pero antes no faltó el veterinario que exigió un certificado de, según él, el único médico neurólogo que podría dar la autorización para esterilizarla por su "problema de inscontinencia".  Supuestamente sin ese certificado nadie me la iba a esterilizar. Senti impotencia que mas que velar  por la salud de un perro, importara mas la consulta de un conocido. 


Rengui fue esterilizada, sin antes realizarle examenes neurológicos para ver su "problema", dando buenos resultados.  Mientras la operaban, aprovecharon para revisarle el problema de su patita trasera, optaron por sacarle el cayo que se le había hecho, dejando expuesta su herida.

Le costó aceptar que tenía una herida, y como no sentía, plop, se tiró los puntos. por suerte no eran muchos.  Gracias a Dios que todo fue bien hasta que cicatrizó. No le gustaba andar con collar isabelino, obvio, no le podía quitar la pelota a Rayo, y para que se quedara tranquila mientras tomaba sol, le dejaba la pelota a su lado.  Rengui volvió a tener infancia.
Pero la herida de su patita le ha costado volver a crear cayo, que le sirve como coraza para caminar y evitar dañarse. Para tratar que no camine con su patita al revés me he convertido en diseñadora de zapatitos para perros con el único fin de hacerle más facil su caminar, pero aún no hemos llegado al que mas se adecué, ya que Rengui se lo saca.
Por si conoces a un hortopedista de perritos, dejame el dato.

Cierto día que venía llegando a casa, es normal que luego de entrar el auto, se les abre la puerta para que todos salgan a saludarme, cuando de repente siento que alguien tira de mi pantalón como diciendo, y yo, aqui estoy. Casi me morí de la impresión cuando veo a Rengui haciendose un espacio para ella sola para que la saludara como a los demás. Fue increíble verla que a pesar de su discapacidad en una de sus patitas traseras, intentara mantenerse en pié con tal de obtener una caricia.  Desde ese día, todo el que llega a casa tiene que saludarla como a los demás, de lo contrario, Rengui no suelta falda, pantalón, zapato.
La inscontinencia de Rengui ha mejorado bastante, pero aún algo persiste.  Eso si, le encanta salir a pasear, ella es toda una señorita, acostumbrada a que la saquen con su correa, se le nota lo feliz que es hoy.



De a poco hemos ido descubriendo que  Rengui es un maravilloso mundo por conocer:
Le gusta que la acaricien, con un cepillo, que la peinen. Está acostumbrada a ir a la peluquería.
A pesar de su discapacidad de la patita, le encanta correr, y cuando quiere hacerlo mas rapido, corre en tres patas, con tal de quitarle la pelota a Rayo.
Le encantan los peluches, los trata como si fueran guaguas, los lava, juega con ellos, eso demuestra que fue madre quizás mas de una vez, tiene mucha paciencia, pero cuando se le acaba, ladra diferente.
Es obediente, aprende rápido, le encantan las galletas de huesitos.

La verdad que Rengui está apta para ser adoptada, ella necesita alguien que la acepté como está, que la pueda amar  como está, que pueda tener manos vacías para acariciarla mas seguido. Las mías casi siempre están ocupadas, y ella lo nota. Estoy segura que si llega ese alguien que la quiera adoptar, se va a enamorar de Rengui, y a cambio ella le dará todo su amor. Por mi parte estoy evitando ser egoísta, quiero darle una oportunidad donde ella pueda ser el centro de esa familia. Solo la daré en adopción a esa bondadosa persona que la acepté como está, sin olvidar que adoptar es un acto de amor.

Nosotros hemos hecho lo mejor que hemos podido rehabilitarla, le hemos devuelto la dignidad que un día  perdió en el abandono.  Tu también puedes ser parte de esta historia. Ahora de ti depende que Rengui pueda ser completamente feliz. Si crees que eres la persona indicada para adoptarla, por favor comunícate conmigo a losperrosdelcamino@gmail.com

Mírala aquí, asi es hoy Rengui, dale clic al video. En uno de sus paseos probando un zapatito, mientras RayoBoy gime por salir con ella.

Muchas gracias por compartir, por las intenciones de ayudar.



NO MAS ABANDONO DE PERROS

¿Te parece poca cosa para adoptarla?
¿Te la pinto de colores?



NO MAS ABANDONO DE PERROS

14 de febrero de 2014

"Perra rescatada de una autopista...Rengui"

Hoy es un día especial para el mundo, día que se celebra el amor, pero para los que amamos incondicionalmente tenemos días de amor, todos los días.

¿Tu sabes lo que es el amor hacia los perros?
¿Alguna vez has adoptado un perro abandonado por amor?
Si contestas que no, quizás esta puede ser tu oportunidad.

El día 22 de Diciembre de 2013, alrededor de las once de la noche veníamos en el auto con mi esposo de vuelta de la ciudad de Rengo, por la autopista sector de la ciudad de Rancagua. Poco antes nos habíamos detenido por un tremendo taco que existía debido a las fechas de celebración de fin de año, cuando de repente el tráfico avanza a velocidad. Cuando vamos pasando por el sector de Rancagua, ante nuestros ojos atraviesa la calzada de la carretera, un perro de tamaño casi pequeño, se veía como un bulto o una pelota rodando en la autopista, hubo vehículos que le colocaban la pata al freno y seguían como si nada. Justo tocarme a mi verlo y empiezo a gritar para, para, para, mientras el perro corría de lado a lado y los autos lo esquivaban. Basilio se detuvo en la berma, a sus buenos metros de donde se encontraba el perro. Abro la puerta, me bajo y empiezo a correr con los brazos levantados y linterna encendida para que los demas vehículos se detuvieran. A cada movimiento del perro me tapaba los ojos, el inocentemente intentaba subir la calzada de un metro para pasar para el otro lado. En eso un vehículo amable, coloca sus luces de estacionamiento, deteniéndose, a lo que siguieron los demás a copiarle su iniciativa. Fue ahi que pude cruzar al medio de la calzada para poder tomarla. Corro hacia el, lo tomo como pude y me retiro.


Es un perro poodle lleno de motas hediondas a caca. Los autos continúan su viaje, mientras en la berma, lo bajo y el, empieza a saltar como si me hubiera conocido de toda la vida. Quizás instuyó que yo podría ser su dueña, pero al rato se dió cuenta y cambió su entusiasmo. Lo reviso, a simple vista se ve sano, le abro sus patitas, descubro que es hembra. Pucha, miro a mi esposo, y le digo, no la puedo dejar aquí, es perrita, y le pongo cara de que yo no fui.

Me mira, va al auto, trae una correa para atarla. La perrita huele a  caca, está pegada a su cuerpo en la parte trasera.

No puedo subirla asi al auto, era horrible su olor.

Voy al auto, busco desesperamente una tijera, la encuentro y comienzo a duras penas a cortarle su pelo a sabiendas que me haré tira mis dedos por que la tijera ya no corta.     Pero es lo que hay.
Vamos Marce, me digo...tu puedes.

De rodillas en el suelo de tierra y piedrecillas que me molestaban, empiezo a como de lugar, por aqui, por allá, no hay como tomarle su pelo, todo es una pasta homogenea entre pelo, piel y fecas.
Le pido perdón por si no le gusta, mientras corto, sigo conversando.

Miro a mi esposo, vaya que paciencia me tiene, pero me digo en ese momento, podría tener un poquito mas, y me sonrío sola como si me acordara de mis mas tremendas diabluras infántiles, o actuales. Sigo cortando, la hora pasa lento en el momento por no lograr hacerlo mas rápido. Había que pensar que al día siguiente era día de trabajo, todos a esa hora venían de vuelta de sus viajes por el sur de nuestro país y yo ahi de rodillas, haciendole peluquería a una perra que ni siquiera me debería importar, pero basta que es una vida, para hacerlo.

Dan la una de la madrugada, ya le he cortado bastante su pelo. Tiene parásitos por montón. Tomo precauciones, y comienzo de inmediato su tratamiento. Debajo de todo ese pelo, hay un esquéleto andando, ya no es la pelota  de pelos que rodaba en la calzada.  A una cuadra de la carretera se ven personas, y autos policiales, pensé, vendrán a preguntarnos por que nos detuvimos o si nos pasaba algo. Erróneo, nada de eso. Ellos siguieron como si nada.  Era yo quién me afligía por esa pequeña perrita indefensa que estuvo a punto de morir.

Pienso, no le hace falta a nadie, ¿que tenía que parar?   y de repente mis ojos miran hacia el cielo, hay algo que me motiva a volver a sonreir. Es ella, saliendo tras la cordillera,  aquel objeto que me ilumina el alma, mi amada luna, compañera eterna de noches oscuras en los caminos.
Muchas veces esa luz me ha devuelto la alegría, las ganas de seguir caminando en esto que pocos ayudan, pero aqui estoy, de frente al mundo contándoles parte de mi vida. La subo atrás a la maletera del auto, y allí se acurruca, casi ni se ve de lo pequeña que es enrollada.

Dan mas de las dos de la madrugada llegando a casa. Imposible dejar para mañana lo que puedo hacer hoy. Tengo perros, todos hermosos y sanos, sería irresponsable dejarla asi.
Me voy directamente al baño, llevo toallas, la meto a la tina y comienzo. Aún no descubro lo que hay debajo de ese ser abandonado. Pienso, de seguro se habrá perdido, tiene que haber estado meses abandonado, alejado de la mano  de su dueño, este se preguntará  en que lugar se encuentra su perrita?...o seré yo la única tonta que se preocupa de los perros. La baño, pongo shampu, una y otra vez, la mugre cuesta que salga y ella humildemente me mira sin quejarse de tanto que la resfriego.  Fue largo ese baño, conversador, un monólogo en silencio para no despertar a quienes duermen.

La retiro del agua, casi ya limpia, por lo menos se nota que tiene su pelito blanco, me mira a los ojos mientras la seco, se me cae la toalla mientras busco el secador de pelo, fue ahi cuando mis ojos se humedecen al ver su reacción frente a un trapo limpio.
Al ver la toalla en el suelo, atinó de manera rápida a hecharse sobre ella, como si supiera que estaba limpio, y durante meses se le hubiera olvidado.

Son mas de las tres de la madrugada, la tomo en brazos, busco un cojín para ponerlo dentro de la jaula de transporte donde quedará por esa noche con comida rica para empezar a recuperarla. Ella me mira, tiene los ojitos brillantes que iluminan, pero muy, muy tristes.

Al día siguiente, al levantarme voy a verla, se comió todo el alimento,  la saco de la jaula para que haga sus necesidades, corre a buscar tierra, se pone  en postura para defecar, está un rato, y viene hacia mi,  es en ese momento que voy descubriendo sus tremendas heridas. Viene hacia mi, sin darse cuenta se le cae de su ano, una pelota de fecas, y cuando camina deja su estela de orina por donde pasa. Me  llama la atención que cojea. La observo, casi me dió ataque, cojeaba con el muñón de la patita hacia atrás.  Miro su cuerpo, está lleno de heridas profundas, como profundas serán las heridas de su alma.   La tomo en brazos, es inmensa la humildad de sus ojos. La perrita aún está con su cuerpo con parasitos.  Entonces me acuerdo de un médico veterinario que hace un tiempo me ofreció sus servicios, el quería ayudar a los perros del camino, además me queda cerca. La subo a la jaula y nos vamos a la clínica. A pedido de el, no pondré  su nombre.
Allá la bajo, ella va casi segura a mi lado, cojea, está desnutrida, apenas se puede sus huesos.

El Dr. la exámina, toma una radiografía a su patita, y descubre que tiene un ligamento cortado, por el cual es el motivo que su patita se da vuelta. La termina de desparasitar,  a través de una ecografía me confirma que no está preñada, y me ofrece esterilizarla, a lo que respondo que todavía no, prefiero recuperarla antes de seguir haciéndola sufrir.  Diagnóstico: infección en ambos  oidos, cistitis fuerte, hematomas en su piel, heridas varias, sin contar la cantidad de parásitos en su piel.
El daño que tiene al final de su columna es por culpa de un atropello, donde el auto le dió el golpe en las caderas, y de pasadita pasó su rueda por encima de la pata trasera. Chuata... ¿Quién la va a querer así? me pregunto y me respondo, será de Dios, pero eutanasiarla ahora, nunca, primero le daré la oportunidad que les doy a todos. Ahora otra vez su vida dependía de mi desición.

Ese día  quedó con tratamiento fuerte de antibióticos mínimo diez días.

Quiero agradecer a ese señor, medico veterinario, por la bondad que tuvo de no cobrarme un peso por la atención.

Me vuelvo a casa, el día está con sol parado, ella está cansada, quizás cuantos días no ha dormido tranquila y con la seguridad que hay en mi hogar.

Asi comienza la gran lucha por tratar de recuperarla. Había que pensar en bautizarla de nuevo, que mejor que llamarla Rengui, en honor al viaje a Rengo.

Si la quieres adoptar, ahora depende de ti. Mis manos no alcanzan para darle todo lo que ella necesita, es una perra tremendamente dulce, limpia, obediente, y fiel. Tiene alrededor de cinco años de vida.

Es Rengui, una perra rescatada de una autopista, una perra que fue muy querida por su familia por la manera de comportarse.

Si la quieres adoptar, comunícate a mi correo losperrosdelcamino@gmail.com
Solo pido que la acepten tal cual es, que la persona sea suficientemente responsable para protegerla y amarla como se lo merece.
Esta foto fue tomada  a la semana siguiente de haberla rescatado,

 

Quizás esta sea tu oportunidad para conocer un verdadero amor.
Estás dispuesto?

Esta historia continuará.
Marcela
losperrosdelcamino@gmail.com

NO MAS ABANDONO DE PERROS











8 de octubre de 2011

"El Wuau"

El Wuau llegó a mi vida en una etapa complicada, pasaba por una pena enorme y mi padre para aminorarla, me lo regaló. El vino a darme alegría.
Lo tuve cerca de un año, era muy regalón y mamón, no le gustaba estar solo y lloraba, pero lamentablemente por problemas familiares y espacio, ya que mi hermana volvía a la casa con mis sobrinos pequeños a vivir, todo era complicado, mas tener un perro, y buscando lo mejor para el vimos la posibilidad de regalarlo. Lo dimos en adopción.

Llevaba como tres meses de estar viviendo en su nuevo hogar, pero siempre intentaba arrancarse detrás de mí. Era doloroso saberlo lejos de mí.

Un día yo estaba por salir, mi madre se había ido al trabajo unos minutos antes y llama mi hermana para avisarle que había un perrito parecido al Wuau que había sido atropellado, pero que no dejaba que se le acercaran, estaba a menos de dos cuadras de mi casa, en un lugar donde llegan camiones a descargar cajas. Algo me avisaba el corazón, de inmediato fuí a verlo, y ahí lo encontré, estaba dentro de una grutita, en shock, asustado, mi madre había dicho que intentaba morder, empecé a conversarle haciéndole cariño, lo intenté sacar del fondo de la gruta, entonces me dí cuenta que no podía mover sus patitas traseras, como pude lo tomé en brazos (uff, que pesaba) y lo llevé a mi casa, pero no podía dejarlo en cualquier lugar por que molestaba.

Como pude lo llevé al veterinario en un carrito de esos de feria, había que tomarle radiografias y este, muy amablemente me dejo pagarselas de a poco por suerte. No había dinero. Eran momento de apretarse.
Según las radigrafías, el Wuau tenía una luxación en la columna y una fractura leve en la pelvis debido al golpe que recibió al ser atropellado.

Lo llevé a mi casa, a mi dormitorio, no podía dejarlo en otro lugar, considerando su estado, Wuau, ahora era un perro incapacitado, no controlaba esfinter por lo que era complicado dejarlo en cualquier lugar por mi sobrina pequeña. Debía tener el máximo de cuidados.


Pasó varios días mal, triste, lloraba quizás del dolor que sufría, de a poco logró sentirse mejor, pero seguía sin mover sus patitas.
No sabía que hacer, hasta que logré pensar en positivo. Traté de moverme con algunos contactos que tenía (todo pasa por algo dicen, yo había trabajado en la Facultad de Veterinaria). Fuí a comentarle el caso a la Doctora Estefanía Flores, amablemente me aconsejó que hacer, en ese momento no podía ayudarme porque estaban todos de vacaciones en la universidad así que debia esperar.


Con el tiempo empezó a moverse, Wuau hacía todo el intento de querer pararse, pero no había caso, pasaron semanas que alegría cuando lo vi moverse, pero volvió a caer. Me preguntaban si había visto alguna mejoría en el, yo decía que sí, soy muy optimista, y despues de unos meses (me habían dicho que maximo en tres meses debia caminar) se empezó a parar de a poco, no podía dar pasos solo, ni sostenerse un rato, pero verlo así para mi era una mejora gigante.
Lo llevé a la Veterinaria, pero lamentablemente la Dra. Flores estaba enferma, le tomaron radiografías, descubriendo que la pelvis estaba bien, pero lo de la columna, a pesar de ser poco era casi irrecuperable, ni siquiera con cirugía, pero también se sorprendieron porque reaccionaba a algunas cosas que le hacian en las patitas y que tambien podía ser que había perdido mucha masa muscular, por lo tanto necesitaba terapia fisiológica o kinesiológica o en piscina o esas cosas, la verdad no entendí mucho, luego me mandaron a decir que en realidad no había nada que hacer. Habían dos soluciones, una hacerlo dormir dignamente, y la otra intentarlo a como diera lugar.

Por mientras una de mis mejores amiga, le dijo a su pareja que si podía hacerle un carrito y me lo regalaron, pero el Wuaucito se sentía incomodo en el, al principio no le gustaba mucho, de a poco sentía que se había adaptado mejor, pero de todas formas no tenía mucho tiempo para sacarlo a pasear. Empecé hacerle ejercicios, le movía sus patitas y el como que hacía el intento de moverlas, pero no tenía la fuerza para pararse. Empecé averiguar cuando costaba la terapia, pero tenía un problema, el mas grave, no tenía el dinero solicitado, ademas necesitaba trasladarlo, y no tenía como. En un momento de gran desesperación me encontré con esta página. Fue aquí cuando conocí a la Sra. Marcela a quién le conté mi drama. Habían días que me sentía tan presionada, que Wuau no podía estar mas en mi dormitorio porque el lugar es pequeño y cuando el hacía sus necesidades quedaba fétido, todo pasado, me decían que como aguantaba, pero de cierta forma ya casi me había acostumbrado y ni sentía el mal olor, mi madre limpiaba y hechaba cloro todos los días, habían pasado seis meses en esas condiciones.
Entonces opté por otras vías de terapia.
Vi que existía la acupuntura (considerando lo de la masa muscular quizas no sirva mucho) pero era una opción por lo de la columna, quizás le ayudaría a sanarse, valía cerca de quince mil pesos la sesión e iban a domicilio, tenían que verlo primero para saber cuantas sesiones necesitaba, pero eran mínimo seis y debían ser seguidas para que se vieran resultados.

Hipoterapia: es la terapia en piscina, en esta no siquiera pregunté, era aún mas caro, además había que llevarlo a chuchunco y yo no tenía como trasladarlo.

Reiki: Otra opción era hacerle reiki (aprendi reiki para poder ayudarle y sentía que sí lo ayudaba aunque fuera un poquito. Por lo menos veía que se relajaba.

Terapia Física: Y otra opcion también es la terapia física, hay un lugar donde la realizan, ahí hay que llevar a cabo sesiones tres veces por semana, solo la evaluacion sale $ 23.000 y las sesiones cerca de 16 mil cada una, complicado tres veces por semana, en cuanto a plata me fue imposible.
Me daba pena ver que mi Wuau encerrado en mi dormitorio sufría de estres, inclusive depresión. Se le notaba que a veces solito se aburría, siempre encerrado en mi pieza esperándome para alegrarse de verme. Sufrió alopecia de tanto estar estresado, por suerte se le pasó.
En una de sus patitas tuvo edemas por que se acostaba solo para un lugar sobre una de sus patitas (la que sentía menos). Se le pasó con pastillas.
Cuando tenía que llevarlo al veterinario no era tan complicado porque me quedaba cerca y en carrito iba genial, pero cuando era en la Veterinaria se me complicaba mucho. Una vez me ayudó mi cuñado a llevarlo en micro, se portó bien y no se hizo nada, pero de vuelta volví sola, por suerte una alumna me ayudó y se puso a discutir con el chofer de la micro que no quería llevarme, y despues tenia que tomar otra micro más para mi casa, no quise hacerlo porque me dio rabia y pena que me trataran mal los choferes por llevar a un perro en micro, así que me fui caminando, había mucho calor e íbamos con la lengua afuera los dos con el Wuau, pero gracias a Dios, hay ángeles en todos lados y a mi me ayudó uno, un caballero que iba en camioneta me ofreció llevarnos hasta mi casa.


Subirlo al carro era otra complicación jajaja, parecía que no le gustaba, ponía las patas delanteras tiesas y mientras intentabamos subirlo se hacía pipi era un dolor de cabeza, y nunca podía subirlo sola, eso era más complicado aun. Veía su mirada como agradecía. Cuando observaba sus ojos veía mucho amor por mi, pero tambien penita por estar solo la mayoría del tiempo.

Mi familia me ha apoyó harto, tengo que agradecerlo, pero en un principio era terrible, todos querían que lo eutanasiara, pero Wuau era demasiado leal conmigo para yo hacerle eso, considerando que si se había escapado de donde estaba era para estar conmigo, no podía darle la espalda ¿no?...Habría sido traición.
El estres de compartir mi pieza con mi perro, el espacio reducido, el olor, sus llantos cuando tenía que salir, cuando se portaba mal me irritaba, el estres de tener que escuchar que casi nadie entendía lo que sentía, que para todos era la opción más facil eutanasiarlo y que me presionaran para que lo volviera a regalar en esas condiciones, me tenía mal.
Trabajaba de lunes a viernes hasta las seis, llegaba a mi casa cerca de las ocho, cansada, que no me daba el tiempo para el, para poder sacarlo, por lo general lo hacía los fines de semana.
Por fin pude lograr que mi madre entendiera que un animal no tiene porque ser distinto de una persona, le dije imagínate si a uno le pasara algo así, ¿que harían? Obviamente te ayudan, te hacen terapia, etc. no porque alguien no pueda caminar tu primera opcion será la eutanasia, explicándole logré que lo viera desde ese punto de vista y me pudiera entender, a la larga fue quién mas me ayudó y apoyó. Le daba la comida cuando yo no estaba, hasta cariño le hacía... jajaja, y eso que no le gustan los animales, así fue que logramos que Wuau se diera un poquito mas.
El Wuau, era un perro joven, apenas tenía dos años, era un perro discapacitado, inválido, pero tenía todo lo demás bien, unas inmensas ganas de jugar, un gran amor. Siempre tuve fe en que se podía realizar un milagro, que iba a caminar. Elegí la opción de la vida, a pesar de vivir en un cuarto sin mucho que darle en cuanto a espacio, soñaba que alguien lo adoptara, que tuviera una casa grande donde pudiera ser mas feliz que conmigo. Wuau, fue mi apoyo en los momentos mas difíciles, nunca esperó nada a cambio. No fui capaz de hacerlo dormir. Yo lo amo.


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El día 8 de Julio, recibo esta información:
Marce, Wuau, se complicó la última semana, desde hoy en la mañana que me acompaña como mi angelito perruno protector. Ha partido.
Me siento tan mal, se que hice lo mas que pude, pero quizás podría haber intentado mas, golpié muchas puertas, intenté lo que mas pude, no tenia los medios y me siento tan mal ahora, al sentir que en un año y medio estuvo viviendo en mi dormitorio, tal vez aburrido, sin salir mucho, no se si eso era vida para el, pero aun así estaba ahi porque me amaba como yo a el, no sabes cuanto extraño cuando ponia su carita en mis piernas y suspiraba, siento que quizás estaba cansado hace tiempo, hace unas semanas soñé que me lamia la manito y se apoyaba en mi hombro como despedida, no se si el me trasmitió su cansancio de vivir en estas condiciones. Anoche estaba mal, pero como que le costaba irse, quizas no queria dejarme sola, se lo mucho que me amaba, yo tampoco queria dejarlo solo, traté de hacer lo mejor, lo que me tiene contenta es que hace unos cuatro meses había renunciado a mi trabajo para pasar mas tiempo con el, aunque estuvieramos en la pieza los dos encerrados, pero el sabía que yo estaba ahí y no se sentía solo... tengo una pena enorme en mi alma, se que me entiendes.

Gracias por todo, me avisas cualquier cosa que necesites y gracias de verdad, para mi el hecho de que alguien te de una palabra de apoyo es valiosisimo, muchos ni siquiera se dieron ese tiempo mi niña, yo lo valoro montones.

Bendiciones!
Claudia

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Hace poco mas de un año encontré un comentario en el escrito de Orione, ese fue nuestro acercamiento.

Hoy quise compartir esta verdadera historia de amor hacia un perro discapacitado. Un amor que no midió defectos, un amor que se entregó siguiendo lo que le dictaba su corazón.
Para muchos quizás, es dificil enfrentar la discapacitación de su mascota, ya sea por enfermedad, atropello o accidente, habría sido mas fácil haber tomado la desición de eutanaciarlo, o abandonarlo, personalmente no estoy de acuerdo en la eutanacia mientras se esté alimentando hay vida, jamás lo haría, todo lo contrario, habría dedicado mi tiempo a cuidarlo como lo hice con Mía Samira. He aprendido a través de ellos que a través de su instinto son capaces de adaptarse mejor que los humanos a lo que la vida le depara, quizás están mas capacitados que nosotros, tienen mayor valentía para soportar el dolor.

El relato de Claudia, a quién admiré a través de sus correos llenos de la fortaleza que intentaba demostrar en medio de lágrimas impotentes por no poder hacer mas de lo que estaba a su alcance, me llena de orgullo, de pensar que existen personas que se entregan sin condiciones al amor de un perro. Se que los que verdaderamente amamos a nuestras mascotas, haríamos exactamente lo que ella llevó a cabo.

Solo darle mis agradecimientos eternos en nombre de Wuau, un perro que no supo tener límites para conseguir estar con quién eligió tener como dueño. Creo que su instinto no se equivocó. Lo hiciste lo mejor que pudiste, sacrificaste parte de tu tiempo para atenderlo, darle el cariño necesario para poder sobrevivir el tiempo que vivió en tu dormitorio (un año).
De donde quiera que esté Wuau, ten la seguridad que estará observando todo lo que hagas.
Soy yo quien desea todo lo mejor para tí, que Dios te de la fuerza para seguir adelante en tu vida, te de el consuelo necesario para continuar. Y si vuelves a necesitar de esta persona, grita fuerte como lo hiciste. Si aún estoy, ahí estaré.
Que Dios te bendiga siempre.

Marcela Opazo

NO MAS ABANDONO DE PERROS

21 de agosto de 2008

"Mia Samira"

Siento que tiran baldes con hielo sobre mi cuerpo, mi piel se eriza...mis ojos, hinchados; mi mente, en blanco…

Cuando supe que vendría al mundo, la esperé con ansias pensando que pronto haría a mi madre feliz al ponerla en sus brazos, el destino quiso que mi madre partiera de este mundo el 3 de Marzo del 2001. Mi alma se llenó de dolor, nada me sacaba hacia la superficie, me veía caer en un hoyo sin fondo, a pesar de estar siempre acompañada por mi familia, así y todo la soledad se apoderó de mí, vivía gritando en mi pensamiento el nombre de mi madre, comencé a vivir mi duelo, hasta que el día 9 de Marzo del 2001, Mikaela, empezó con anuncios de parto, le preparamos su cuna para que pudiera traer al mundo sus cachorros tan esperados. A los minutos nació una hembrita, era tan pequeñita, tan diminuta, tan frágil y débil.

Mientras su madre seguía en proceso de parto, Daniela intentaba alimentarla para que pudiera sobrevivir.
Pasaron las horas, Mika seguía en trabajo de parto, cada vez le costaba mas, yo veía que algo no andaba bien. Llamé a su veterinario Dr. Víctor Villablanca, encontrándose fuera de la ciudad, me fuí urgente a otra clínica, me sacaron dinero y más dinero por tomar ecografías y verificar así, lo que yo les decía: que había otro cachorrito que no podía salir. No hicieron nada. Cuando llega en la noche el Dr. Villablanca, le cuento lo sucedido, me cita a su clínica, me hace pasar: cesárea.
Logró sacar al cachorrito, pero ya venía en malas condiciones. Asís, falleció al día siguiente, está enterrado en mi antejardín.
Desde ese día supe que la perrita que había sobrevivido no sería de nadie más que “mía”. Así fue como la llamé Mía, Mía Samira...que significa mi alegría. Fue ella la que cambió mi tristeza por alegrías.
Empezó a crecer junto a su madre, Mika, eran las dos maravillas que iluminaban mi mundo.
Era un gusto verlas correr por mi casa jugando, ver que cada vez que Mika tomaba leche, Mía se aprovechaba para colgarse de su alimento.

Ya no tan solo Mikaela dormía con nosotros, también Mía. Un día la dejé encima del sillón, y Mía por seguirme, con tanto ímpetu va y se tira, quedando inconsciente, sacamos el auto de prisa y nos dirigimos a la clínica. Diagnóstico: tec cerrado, por golpe en la cabeza…logró sobrevivir. Desde ese día nunca más intentó tirarse de ningún lado. Al año siguiente fallece su madre, mi hermosa Mikaela, atendida por el Dr. Villablanca. Falleció producto de un paro cardiaco por dosis excedida para su peso. Mikaela, pesaba 1.8 kilo. Esa fue la última vez que el Dr. Victor Villablanca atendió a mis perros, y más encima tuvo el descaro de cobrar por su consulta. Otra la vez la muerte me llevaba de la mano.
Mía quedó tan sola sin su madre, que desde entonces pasó a ser la "guagua" de mi casa. Era todo para nosotros. Tan pequeñita, tan indefensa, que nadie se explicaba como una perrita que pesaba apenas 800 gramos y medía diez centímetros, podría ser tan inteligente con tan minúsculo cerebro.
Un día paseando por Algarrobo, un señor se acerca al auto, y me ofrece quinientos mil pesos por Mía, quedé estupefacta, mi perra no tiene precio, respondí...empecé a cuidarla con mas ahínco, no la dejaba nunca sola en lugares públicos, jamás le sacaba mis ojos de encima, la protegía de todo lo que pudiera hacerle daño. Era tan dependiente de nosotros, tan especial como ella sola, siempre tan única como su madre. Toda nuestra casa giraba a su entorno, si se quedaba arriba del sillón, de las camas, de las sillas, o del auto, ella se comunicaba para que alguien la bajara, si se quería ir a acostar o comer, hacía lo mismo...para todo se comunicaba en su lenguaje. Quién dijo que los perros no se comunican?...que gran equivocación, ellos siempre se han comunicado con nosotros, solo que muchas veces somos nosotros que no sabemos ver, porque sencillamente no queremos.
Mía, fue ganándose cada uno de nuestros corazones, especialmente el de Basilio quién se trasformó en su amo y padre, pasó a ser su todo para ella, y ella sabiéndolo así, también sacaba su partido dentro de tanto amor que éste le entregaba. Cuando llegaba mi esposo, Mía lo sentía llegar, salía de su cunita corriendo a esperarlo, se hacía la chiquitita entre medio de los demás para poder ser la primera en que la tomaran. Logrado esto, en brazos de su amo, le lengüeteaba su cara, con la sola intención de morderle su nariz, luego se quedaba tranquila esperando que Basi se sentara a comer para que la tomara en sus brazos y cenaran juntos en la mesa. Cuando viajábamos, ella siempre a nuestro lado, siempre llamaba la atención de quienes la veían, por su tamaño, por su forma de ser, por ser ella nada más. Un ser pequeñito demasiado importante para nosotros, y eso que para algunos era solo un perro. Todos los demás perros nuestros la respetaban, ella era la primera y pobre de que alguien la mirara feo, Mía mostraba sus dientes, bastaba eso y el perro se alejaba.

En la playa Mía, peleaba porque la dejaran sobre la arena para irse al lado de Basilio, y eso que ser tan pequeñita le daba sus problemas, como que al correr, sus ojitos se llenaban de arena, gran parte pasaba en nuestros brazos. Cuando Basilio se iba a acostar, siempre decía: me voy a acostar, y Mía al escucharlo, "mandaba" que la bajasen del sillón, a su orden, el que estaba a su lado tenía que obedecerle, la ponía en el suelo y ella a cien por hora corría tras su amo para ir a acostarse, pero antes iba al papel de diario a orinar…solo faltaba que se lavase los dientes.
Muchas veces fue mi cómplice cuando me veía comer algo a escondidas, se ponía frente a mí para que le diera, y pobre de mí si no le daba...jajaja, hasta gritaba con la sola intención de echarme al agua, entonces yo me agachaba, le daba un poquito y se callaba. Cuando almorzábamos y no la tomábamos en cuenta, empezaba a carraspear con su garganta, parecía que le daban ataques, como las llamadas pataletas infantiles, hasta que alguno de nosotros la subía en brazos...ahí se quedaba tranquila.
Para bañarla, entibiaba el agua en el lavaplatos y con el máximo cuidado, evitando que el shampoo y el agua le entraran en los ojitos y oídos, la secaba con su toalla y luego rápidamente con el secador, empezaba por las patitas, era muy friolenta. Había que hacerlo rápido. En invierno, en esos días ultra fríos, luego que mi familia salía a sus labores, me dirigía a la cocina a buscar la bandeja con mi desayuno y llevarlo a la cama, ella al verme comenzaba a dar vueltas por toda la cama, contenta, como diciendo: que rico, que rico…!
Junto a todos mis perros tomábamos desayuno, y para que les cuento cuando llegaba la hora de levantarse, medio escándalo que hacía…se metía entre medio de las sábanas para que no la pillarán…y cuando tenía que hacer la cama, yo estiraba la ropa hacia atrás, entonces Mía me retaba y tironea que tironea la sábanas, terminábamos jugando y dándonos besitos.

Por las noches siempre soy yo la última en acostarse, ella salía del lado de Basilio, me ladraba despacio retándome como diciendo: ¿por qué no te venías a acostar?...a la hora que vienes...luego se encogía de hombros y se metía en mi cuello, que maravilloso era sentir su respiración tan cerca de mis oídos, su suave y tibia naricita en mi piel. Al recordar… ¡cómo no volver a sentirlo, mi Dios!...es casi imposible.
Un día mirándonos ambas a los ojos, le digo: Mía…haz un viejito. Para que ella supiera lo que era un viejito, yo cierro mis ojos una y otra vez, hasta que de repente la veo a ella hacer lo mismo. Mía, digo, pudiste…y me la comí a besos. Luego le digo: un viejito mas laaaargo…y yo quedo con los ojos cerrados unos minutos, la miro, y Mía está haciendo lo mismo que yo…
Desde aquel día cada vez que Mía quería conseguir algo, me miraba y cerraba sus ojos una y otra vez. Cómo me iba a ser la tonta, si yo misma le había enseñado a comunicarse conmigo. No hubo día que no le dijera cuanto la amaba, y Mía respondiéndome, bajaba sus párpados lentamente como diciendo… yo también…en su lenguaje de ojos.

Mia Samira era lo máximo en mi vida. Jamás estuvo enferma, ni siquiera un resfrío, hasta que un día no tuvo ánimo de levantarse, lo mas extraño era que no quería comer, y al tocarle su guatita se quejaba. Sin pensarlo dos veces la llevo al nuevo veterinario que se hacía cargo de mis perros, la examina, le toma radiografía y diagnóstica piometra, debiendo ser operada de urgencia. Confiando en Dios y en él, no me quedaba otra que aceptar. En ese momento mi cuerpo angustiado, sufría por verla en esas circunstancias. Había que esterilizarla lo antes posible. Mía, tan pequeñita, desvalida e indefensa, tendría que sufrir ante los dolores post operatorios, si es que sobrevivía. Los ochenta mil pesos que me cobró por la cirugía eran la nada misma comparada con la felicidad de tenerla conmigo, viva. Dejé todo de lado, para cuidarla lo mejor que podía, sin dejarla ni un segundo, si antes le aguantaba todo lo que se le ocurría, imagínense después. Desde ese día Mía pasó a estar "prestada" para nosotros. Ya eran seis años de su vida que disfrutábamos , el doble de vida de Mikaela, y eso ya era un gran premio en mi vida. Agradecía cada día que ella lograba vivir. Desde la operación nunca volvió a ser igual. Se le sentía de repente algo de ruido en sus pulmones que luego pasaba.

El 24 de Mayo, de este año, Mía se levantó de mala gana, otra vez su guatita hinchada, sin querer comer, era extraño. Me recomiendan supuestamente la mejor clínica veterinaria “Bon Amie” ubicada en Avda. Macul 2506. Me voy en forma urgente esperanzada que ahí van a descubrir de inmediato lo que tiene ya que atiende una veterinaria especializada en razas pequeñas, pero justo ese día no se encontraba, me hicieron pasar y Mía fue examinada por la Dra. Patricia, quién diagnosticó infección estomacal, le inyecta antibiótico, y le receta para la casa Baytril en comprimidos, un cuarto cada 24 horas, recomendándome muy especialmente que se le hiciera un destartraje que en su Clínica costaría aproximadamente $ 55.000 con anestesia a gas. Era irrisorio, Mía solo tenía cuatro dientes, y el cobro era para un perro normal. Me despido, paso a cancelar el valor de la consulta $ 15.000, incluido el remedio inyectado. Confiada me dirijo a la farmacia a comprar el antibiótico. Lo primero que me pregunta para quien es?, yo respondo es para mi perra, a lo que me dicen…¿Por qué en comprimidos si es tan pequeñita?...Debió ser en jarabe.
Estuvo con antibióticos durante los siete días, yo seguía viendo que no estaba bien, luego la llevé casi en contra de mi voluntad a otro veterinario, quien le pidió un perfil bioquímico, se hizo, quedando demostrado que era una colestasia, una fuerte inflamación al hígado, seguí las indicaciones del médico a ojos cerrados y al pie de la letra, se puso a régimen especial, solo podía comer pollo y arroz, mas sus medicamentos Proteliv en gotas y Tolt 12 jarabe. Poco a poco se iba restableciendo, su ánimo, volvió a ser el de siempre, pero yo veía que bajaba de peso y al salir de su camita le costaba levantarse, me volví a preocupar, la llevo donde el veterinario que la había operado para que me sugiriera que hacer. La examina, y me dice: Solo hay un veterinario especialista que puede hacer algo por ella. El Dr. Cataneo, de la Universidad de Chile. Pídale una hora urgente para que le examine la columna. A los dos días la llevo donde el Dr. Cataneo, le hace tomar radiografías en forma urgente. Me pregunta…¿que médico la vio la primera vez? Le cuento. No es posible que no se hayan dado cuenta.
Mi Mía ya no es capaz de mantenerse sola. Diagnostico: enfermedad degenerativa en los huesos, rótulas no funcionan. Pocas posibilidades de ser operada para intentar restablecer la firmeza de sus piernas. No hay probabilidad que quede bien, por lo pequeñita que es, es casi imposible una operación, solo sería hacerla sufrir. Si esto lo hubieran detectado el mismo día que fue llevada a la clínica en Macul, habría tenido otro diagnóstico. Con pocas esperanzas, se le inyecta corticoides para ver su progreso, con la intención de seguir haciéndolo el mes siguiente. Mía estaba desahuciada. Llegaría el día en que no se pararía más de su cama, lo que sucedió al día siguiente. Mía nunca mas se levantó sola, nunca más la veríamos correr, encima de mi cama, por la orilla de la playa, o a la puerta a esperar a Basilio que llegase del trabajo. Desde ese día nosotros cuatro, pasamos a ser sus piernas, sus brazos. Ella seguía comunicándose para darnos a entender lo que necesitaba. Cada vez que quería algo, levantaba su voz y corríamos a ver que era. Avisaba para que la lleváramos al baño, la tomábamos con cuidado, le poníamos una fajita que la pudiera sostener e intentar mantenerla de pié para que lograra hacer sus necesidades, luego la secábamos, limpiábamos sus patitas, le hacíamos cariño y la devolvíamos a su cama, desde ahí hacía de las suyas. Le preparaba su comida, pechuga con arroz y verduras, le llevaba el pocillo a su camita, que alegría verla comer, como le hacía chupete con apenas sus cuatro dientes, con que ganas sus ojitos me miraban y me decían que me amaban. Te amo Mía, te amo tanto, le repetía una y otra vez, y ella como si supiera cerraba sus ojitos laaaargo, y yo me la comía a besos y caricias. Se me hacía tira el corazón de solo pensar que llegaría el momento en que no avisaría más sus necesidades, no importa, me decía a mi misma, le pondré pañales, mientras este comiendo, hay vida, pero llegaría el día en que dejaría de comer, y yo tendría que darme la valentía que no tengo, para hacerla dormir obligada. Me decía a mi misma...mientras yo esté viva, mi Mía esté comiendo y comunicándose, no lo haré. La semana pasada se resfrío, estuvo con antibióticos, fueron noches sin dormir, noches de sentirla que sus pulmones eran una olla de porotos, dormía entre mi esposo y yo, para que en caso de necesidad uno de los dos se diera cuenta. Cuando no podía dormir, le gustaba que yo le cantase:
Esta niña linda, no quiere dormir…
quiere que le traigan, flores del jardín.
Mientras las lágrimas caían por mis mejillas, yo cantaba y cantaba. Bastaba que yo terminara de hacerlo, Mía se quejaba,como llamándome la atención, entonces yo reía…para volver a cantarle y ella volvía a estar bien…fueron noches largas sin dormir, pero que importaba, si ella estaba feliz de que la regaloneáramos, de saberse amada…segura, a pesar de su estado de salud.
Cuando íbamos al camino, ella era la primera en gritar que quería ir, siempre le gustó andar en auto, daba unas fiestas al salir, pero al volver hacía un escándalo que ni les cuento, para no bajarse del auto. Recorría con nosotros todo el camino, acostada en su cama, bien abrigada para que no fuera a sentir frío. Que gusto daba verla, mientras yo subía y bajaba alimentando, ella se entretenía mordiendo con sus esquivos cuatro dientes, uno de aquellos cartílagos en forma de huesitos comprado a Don Roberto. Yo tenía esperanzas que pronto estaría bien. El miércoles 20 de Agosto, por la mañana, a mi esposo le correspondía ir a terreno a trabajar, entonces yo voy de chofer, y de pasadita llevo a la Mía para que nos acompañe, se distraiga y así no está sola. Vamos saliendo de casa cuando llega Magda, Mía la ve y le guapea, hasta le ladra…todos nos reímos porque era una maravilla verla lo bien que se encuentra. En el trayecto, ladra, come, toma agua, orina…pasamos todo el día trabajando, hasta me dí el tiempo para pasar al Santuario de Lourdes a dar gracias por su salud, y al estar frente a Jesús le doy gracias y le digo: no hagas sufrir a mi Mía, prefiero que te la lleves antes de verla sufrir. Dejo las velas encendidas, y me vuelvo al auto donde me espera Basilio junto a Mía que duerme placidamente. Sin hablarle, me dirijo a casa luego de haber terminado nuestra labor. Vamos llegando a casa y le digo: Mía vamos llegando a casa, no vas a gritar. Todo silencio, mi esposo se había bajado a abrir el portón, entro el auto, le vuelvo a conversar, no me responde. Miro hacia el asiento de atrás, la veo respirar con dificultad, prendo la luz, la tomo en brazos y grito…abre el portón, vamos al veterinario, rápido, rápido…viene mi hija, Daniela la examina y le dice: Mía, ándate…ándate tranquilita, tu mami te está esperando. La tomo en mis brazos…mis lágrimas parecen ríos fluyendo por mis ojos… mientras le cuento que adonde irá la espera un mundo muy lindo, un arcoiris de cientos de colores…la incito a que se vaya para que lo conozca, que no tenga miedo, allí la estarán esperando su mamá Mikaela, sus hermanos de familia: Reina, Jujú y Firulai… que un día nos volveremos a encontrar…que le dé saludos a todos mis perros que ya partieron, cuando…

Mía falleció en mis brazos a las 20 horas del día 20 de Agosto de 2008.


Cuando yo parta de este mundo para irme al tuyo, te buscaré entre todos los perros del paraíso, bastará que ubique ese chaleco rojo que tanto te gustaba...serás la primera que encuentre.

TE AMO MIA SAMIRA...No habrá tiempo ni espacio, que te borre de mi vida.

Marcela Opazo C.




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Soy Rayo Boy, un pointer braco, me gusta mucho correr, conoce mi historia, es de un principe.La señora que escribe en esta página se enamoró de mí, y hoy duermo en su sofá en medio del living. Hoy pertenezco a una familia hermosa, tengo un collar con mi identificación y todo lo que necesito. Fui un perro abandonado en el camino, tracionado, pero gracias a esta página, estoy rehabilitado, y muy feliz.

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