Habían pasado dos días sin conseguir algo que llenara mi estómago, el sol de
medio día era absorbido por mi pelaje claro y la sed se hacía insoportable, el río estaba demasiado lejos, como siempre sin rumbo comencé a vagar por el camino asfaltado, creí escuchar el sonido del agua y me dispuse a cruzar la calle.
Todos los pensamientos fueron arrancados de mi mente, un fuerte golpe hizo que rodara sobre mi cuerpo, quise levantarme y correr, mis patas traseras no me respondieron.Me di vuelta y una parte de mi cuerpo había sido arrancada, confundido y terriblemente adolorido me arrastré sobre las patas delanteras hacia unas piedras en busca de protección, mientras tanto vehículos pasaban velozmente por mi lado, el frío de invierno no dejaba de penetrar en mi cuerpo, el hambre y la sed habían sido sustituida por un dolor cada vez más intenso…Todo duele.
Mientras alucinaba escuché la voz de mi amo llamándome "... ¡¡ Rucio !!..",
creí que me buscaba y traté de incorporarme, no había nadie, solo estaba soñando, al terminar la tarde estaba demasiado débil para incorporarme, entraba de rato en rato en largos sueños que trajeron a mi mente los días felices, mi madre, mis hermanos, mi nueva casa, los niños que jugaban conmigo, una vida sin problemas.
Un día mi amo me invitó a pasear en su auto, pensando que me llevaba de paseo me subí confiado, abrió la puerta y me dejó en este camino donde he pasado mucho tiempo.
El silencio de la noche era interrumpido por las luces de los vehículos que pasaban muy cerca mío como si no existiera, al llegar la madrugada sentí un dulce calor en el cuerpo, una sensación de abrigo que cogía mi vida del frío pavimento, supe que nunca mas los volvería a ver que era hora de partir, tal vez a un lugar mejor, y mi mente se volvió a preguntar lo que había estado presente todo este largo tiempo en el camino...
Rucio así lo llamaban algunos por su pelaje, pero quienes tuvimos el placer de conocerlo, le decíamos "Osito" era tan especial sentir su cabeza entre mis manos…Llegó al camino en la primavera del año pasado, con gran parte de su espalda sin pelo, señas de que alguien le había dejado caer por “casualidad” un balde agua caliente, quemando “sin querer” su piel…que irrisorio verdad?. Como pensar que un humano lo iba hacer apropósito. Estuvo mucho tiempo oculto entre los matorrales, con miedo, inseguro. Cuando lo conocí, me llamó la atención su pelaje, rubio, largo en algunas partes de su cuerpo claro, si en el resto no tenía. Costó ganarme su confianza, fueron semanas de dejarle la comida a lo lejos, y cuando yo me retiraba él silenciosamente, sin siquiera hacer un ruido, se acercaba, yo me iba pensando que a la próxima podría estar un metro menos lejos. Hasta que un día, al ver nuestro auto, un grupo de perros se acercó corriendo al toque de la bocina, que alegría más grande fue verlos y que en medio de ellos estaba Osito, donde había sido acogido.
Desde ese día siempre fue el primero en correr a encontrarnos, a que nuestra mano se posara en su cabeza, llegaba a hasta ser cargante de lo tierno y amoroso que era.Comencé su tratamiento para recuperarlo con la sola idea de que un día lo podría sacar de ese camino para que alguien lo adoptara. Pasaron los meses, era maravilloso verlo renacer a un mundo donde aún se presentaban oportunidades. Un día lo encontramos con Sandra con toda su nariz hecha tira, mientras ella lo afirmaba, yo apretaba con mis dos manos para extraer la pus que había en su interior, a pesar de nuestro propio dolor, pero sabía que si no lo hacía…quien lo haría?...¿uno de los tantos veterinarios que lo hace continuamente?...otra vez, risas.
Osito se recuperó completamente de todas sus enfermedades, especialmente de la piel y sus cortes. Era una maravilla verlo correr hacia mi auto, hubieran visto como se le movía su pelaje rubio y largo corriendo al viento…ya faltaba menos para sacarlo de ese camino.
Un día domingo, algo me decía que debía subir al camino, pero temprano, en la mañana. Mi esposo se extrañó, y junto a mi hija me acompañaron. El día estaba muy frío, granizaba, cuando de lejos divisamos un cuerpo, era el. Su cuerpo aun estaba caliente. No alcancé a llegar.
Quiero preguntarte a ti, al que fue su Amo y Señor:
¿Dónde estabas tú, cuando tu perro, sintió hambre?
¿Dónde estabas tú, cuando tu perro, sintió sed?
¿Dónde estabas tú, cuando tu perro, tuvo la necesidad de cariño y protección?
¿Dónde estabas tú, cuando tu perro estuvo herido y enfermo?
¿DÓNDE ESTABAS TU CUANDO TU PERRO DEJÓ ESTE MUNDO?
Jamás aceptaré en mi mundo, al humano que abandona a su mascota.