Ilusión llegó un día viernes, en su inocencia jamás imaginó lo que le sucedería cuando la llevaron de paseo…la dejaron allá. Nunca se dio cuenta del daño que le hicieron, era tan encantadora, una hermosa perrita color café, no mas de cinco meses de edad, su pelaje le brillaba al sol, sus ojos iluminaban a cualquiera, menos a sus amos. Ellos jamás pensaron que el solo llevarla allá ya la estaban matando..., pero es así, mas aún cuando son cachorros, su vida recién comienza, cuando no saben nada del mundo que les espera...¿porque mejor no la llevaron a una clínica para tal efecto mas digno, que matarla en el abandono?.
Cada día ella nos esperaba, escuchaba la bocina y corriendo asomaba su cara hacia el camino, temerosa al comienzo, pero luego terriblemente entregada. Le gustaba que la tomaran en brazos con la cara bien erguida. Era una de las tantas perritas con las cuales habíamos creado lazos, por su forma de ser mas que por su apariencia, por su mirada tan dulce y soñadora.
Un día, subí temprano, toqué la bocina en su sector, pero no llegó, no apareció, hice todo el recorrido y de vuelta al bajar, miro hacia el lado derecho…ahí estaba tirada en la berma, sin respiración, con un feroz corte en su costado. Con la impotencia dentro...grité y grité...malditos los que te abandonaron, pero nadie escuchó, con excepción de aquellos ojitos aún con vida que siempre se sientan a esperar.
En ese camino quedó Ilusión…una de las tantas esperanzas en mi vida que alguien mató.