
Conocí a Paula a través de un llamado que hacía en uno de los grupos animalistas en facebook. Me llamó la atención el dolor que leí en sus palabras, solicitando que alguien la ayudase para que su perro muriera en forma digna. Sentí la necesidad de escribirle,darle aliento a seguir y a no desfallecer, lamentablemente llegué tarde, no había nada que hacer.
Este es su recuerdo:
Maqui, fue uno de tantos perros que han sido abandonados por sus amos, tuvo la suerte de llegar a un lugar donde encontró a ese alguien maravilloso que pudo aceptarlo como era, famélico, enfermo, desnutrido, sarnoso, así y todo Paula lo aceptó, lo llevó al veterinario, se preocupó por el, hasta que un día de Julio del 2008 le abrió las puertas de su casa para que formara parte de su familia.
A pesar de ser un perro enorme en tamaño, era una guagua en su comportamiento. A poco andar se convirtió en un perro lleno de vitalidad y hermoso. Lamentablemente Maqui, enfermó de un día para otro,grave, se llevó a veterinarios, sin que estos encontrasen la verdadera enfermedad, le dieron remedio tras remedio, ya no había dinero para tratamientos caros, y ya no se podía mantener en pie...nada que hacer...esta enfermedad se lo llevó... lejos.
Parte de su correo respuesta es:
"Ahora siento que donde lo enterraron tiene frio... puta, no puedo evitar esos pensamientos huevones... Tiene frio... hambre... y yo no puedo darle su pellet calentito con sopita...
Marce, me siento mal... me queda el consuelo, de mi Mateo, mis ojos, mi otro perro que siento que sufre en silencio. Se querían como dos hermanos. los dos recogidos de la calle y los dos amados por mi y mi familia con amor de los grandes.
No puedo seguir escribiendote...Hoy mi Maqui me dejó, ahora que vaya a correr con Mía al cielito ... con la esperanza que allá podrá ser verdaderamente feliz.
El egoísmo del abandono podía leerse en tus ojos
como pequeñas gotitas de lluvia en tus pupilas tristes;
el pelaje negro cubría como abrigo tus huesitos frágiles
de sol, de sed, de hambre y de viento...
Y por un trozo de pan me regalaste tu amor de Perro.
Amor que duró hasta hoy cuando, entre dolores, sin palabras, sufrimientos abnegasdos y en silencio
tratabas de encontrar, entre gemidos, tu aliento.
Nada me consuela ahora, yo ofrecerme para sobrellevar tus padecimientos, mi Perro.
La piedra en la calle también llora cemento
ya no hay quien corra tras de ella dejando polvaredas de sol, sed, agua y viento.
Veo aún tu carita suplicante, tu caminar lento
mis dedos sobre tu lomo suave que poco a poco se tornaba azuloso y gélido.
Que yo no pude darte alivio ¡yo no soy Dios!
ni podía tampoco comprender el lenguaje de padecer de un perro.
Mis caricias, mi guagüito, no fueron pocas
Bien sabe el angel que mi alma te daba en consuelo
en tu naricita azabache; te daba mi bebito, te daba miles de besos.
LLora la piedra con la que jugabas. Llora acorde conmigo.
LLora la arboleda; lloran las ramas ya secas. Lloran todas en silencio mi Negro.
Lloro yo también mi Perro por haberme dormido, sorda y ciega de tus gemidos
que decías quizás, "mami, porqué me duele tanto?"...¿qué me pasa? no entiendo...
Espero que ahora ya en el Cielo; el verdadero. Ese de los animalitos libres de la indolencia humana,
corras libre, en el cielo ya mi Perro!
Que saltes de una nube a otra
persiguiendo a la estrella que me traiga el consuelo,
(porque te lloro, desde mi alma te lloro Mi Perro)
Que sea un cortejo de ángeles que vele ahora tu sueño
que sean mil serafines que jueguen contigo
para que ahora persigas estrellas del firmamento.
Que nazca de tu cuerpo, de la tierra;
rosas, jazmines y azucenas.
Porque era tu corazón de oro y tu sangre preciosa;
y el aroma de las flores haga un suspira mis lágrimas al viento...
Más no mires atrás Mi Perro, no veas que te lloro.
Elevate como una estrellita hacia la Patria e ilumina sin parar infinitamente el Cielo.
Te escribo con la tinta de mi pena, la pena de la ausencia, la pena del alejamiento.
Iluminen mi senda entonces, tú y mis otros bebitos que se adelantaron a tu vuelo.
Sean mi arcoiris, mi dulzura y mi consuelo,
para no caerme al suelo llorando cuando los recuerdo.
(Para Maqui, Mi Perro Amado).
Paula Alejandra González Bravo
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Habiéndome sentido identificada en sus palabras, comparto este escrito con ustedes por que siento que muchos de los que amamos a los perros, nos hemos sentido de esta manera. Hay que vivir el luto, sin la intención de aminorar la pena de haberlo perdido, siempre hay que pensar positivo, que tuvimos la oportunidad, el privilegio de haber compartido sus dias, no importa como haya sido, pero lo hicimos.
Gracias Paula por confiar en mí, por esa entrega sin conocerme. Maquito, fue uno de los perros de tu camino. Personalmente vaya mi eterno agradecimiento hacia ti y familia, ya que gracias a ustedes, hubo un perro abandonado menos en las calles, a quien ustedes le dieron una nueva oportunidad.
NO MAS PERROS ABANDONADOS
Marcela Opazo