Vamos subiendo, mi vista recorre el camino fijamente mirando si hay algo que no he visto, perros muertos, perros vivos. 
En un costado de la calzada muy junto al cerco de alambrado que protege los terrenos privados, los que serán corridos para evitar que los autos se estacionen, llama mi atención un bultito pequeño, café rubio dorado. Al percatarme de lo que es, reacciono con rabia, malditos, repito, mientras paro el motor, y nos bajamos. Allí está el, enrrolladito sobre un saco plastificado de alimento, allí está intentando darse calorcito a través de su respiración tibia en sus patitas, ahí está capeando el frío helado seco del sector cordillerano, la impotencia aflora en nuestras bocas maldiciendo y echando puteadas a quienes lo fueron a dejar. Sus ojos están tremendamente tristes, parecen luceros apagados, no hay nada mas en esa mirada que nostalgia, pena, tristeza, miedo y temor al momento de acercarme. Duele, duele el alma verlo.
Intento darle alimento mientras le hablo, pero el está ciego, sordo y mudo, nada quiere, apenas puede se pone de pie, se levanta y comienza a caminar rapidámente para escapar de nosotros, extraños. ¡Que rabia! ¿Como pudieron?...lleva en su cuerpo un arnés color café clarito, mal puesto, seña que ya ha quedado agarrado entre los alambres del lugar al tratar de esconderse. Es un perro de tamaño pequeño, poco mas grande que un perrito de raza salchicha.
De seguro confió en su dueño, ese dueño en el cual confiaba plenamente, ese dueño que lo llevó a pasear feliz, ese dueño maldito que en cierto sector del camino detuvo su auto, lo bajó como si le fuera a dar comida, un tarro de jurel marca Lider, como ansuelo para que se quede comiendo, ¿cuando su mascota va a desconfiar de el? ...si le está dando de comer como todos los días, solo que ahora lo deja botado como basura junto al tarro enlatado de jurel, el honorable dueño hace partir su vehículo y se va, dejando a su mascota que lo ha acompañado por años botado en un camino, como un vulgar delincuente que cobardemente arranca huyendo de haber traicionado a su mascota. No importa. Podrá huir de ese perro que confiado se bajó para que le diera de comer, pero jamás podrá huir de los pensamientos de su conciencia. Muchos me dirán ¿que conciencia?, si la hubiera tenido habría pensado. Podrá llegar a su casa por haberse deshecho de su mascota, podrá mentirle al mundo que su mascota se murió, a todos podrá engañar, pero nunca engañará a Dios.
El pobre perro a medida que le hablamos va apresurando su paso hacia donde no lo pillen, desde ahí nos mira, nos observa. Pobre, me parte el alma, como poder traerlo, como poder sacarlo de allá lo mas rápido que pueda, pero es casi imposible, cuesta tanto sacar un perro abandonado en esas condiciones. Los perros que son obedientes cuando son abandonados, siempre se quedan esperando en el mismo lugar a que su dueño vuelva a buscarlo, no permiten que nadie se les acerque, los perros también viven el duelo de perder a la familia que lo cobijó durante años. Es triste la vida de perros. Va directo detrás de unas piedras, se esconde para que no lo veamos, de repente levanta despacio su cabecita, lo miro, siento ganas de llorar, pienso yo jamás abandonaría un perro, todo lo contrario, he recuperado y sacado miles de perros de los caminos, ni siquiera cuando mueren los abandono en bolsas para que el camión de la basura se lo lleve, mis perros son parte de mi vida, mis perros viven conmigo y conmigo mueren. Le dejo alimento, pero nada, el sigue detrás de las piedras.
Me he adelantado en contarles esta realidad vivida hoy con la sola intención de que alguien conozca al perrito de la foto, ojala que así fuera, se pusiera su mano en el corazón y me ayude hacerle justicia, si tu lo conoces contáctate conmigo en forma urgente, es necesario que denunciemos a quienes abandonan a sus mascotas, ellos no pueden defenderse, pero nosotros si podemos hacerlo, entonces manos a la obra.
Discúlpenme, pero este tipo de relatos me desgasta, me enerva cada día cuando veo situaciones de esta índole, no acostumbro a maldecir, todo lo contrario, lo que mas me duele en este momento es que Metereología ha informado desde la semana pasada un frente de mal tiempo en la zona, se viene mucha lluvia, y mas aún, agua nieve, la que mas frío entrega, y ese perrito recien botado tendrá miedo, aullará sin que nadie lo escuche, no sabrá guarecerse entre tanto cerro, tengo que seguir confiando, Dios aprieta, pero no ahorca.
Mirando sus ojos lo que mas siento que tal vez esa pena enorme que lo marca en estos momentos no podrá soportarla solo. Nadie mas lo acompaña. Quizás esa pena tan grande que tiene...se lo lleve. Será mas fácil morir de pena que vivir de pena.
De hoy lo llamaré como el santo Antonio.
Marcela Opazo